En Puertochico, donde el aire del Cantábrico se mezcla con el rumor constante de las olas, Garbo Trattoria Moderna & Cocktail Bar ha encontrado su propio equilibrio entre dos mares. Un punto de encuentro natural entre el Mediterráneo y el norte, entre memoria, producto y una forma de entender la cocina sin artificios.
Al frente están el sardo Giorgio Peis y la madrileña Berta Rueda, una pareja unida primero por lo profesional y después por la vida. Se conocieron en Roma hace más de una década: ella, vinculada al periodismo gastronómico desde una agencia de comunicación; él, bar manager reconocido, con experiencia en grandes grupos de restauración, proyectos propios y consultoría. Una entrevista fue el inicio de todo. Lo demás vino con el tiempo.
La idea de Garbo empezó a tomar forma en 2016, aún en Roma, impulsada por una inquietud compartida: crear algo cien por cien propio. El nombre nace del barrio de Garbatella y de su etimología —garbo y bella— como declaración de intenciones: cercanía, hospitalidad y hacer sentir al comensal como en casa. La realidad romana frustró aquel primer intento, pero abrió la puerta a un cambio de rumbo.
Santander no fue una elección inmediata, pero sí natural. Los recuerdos de infancia de Berta y el impacto que el paisaje cántabro tuvo en Giorgio terminaron de dar sentido al proyecto. Hoy, Garbo es un restaurante italiano en Cantabria, y precisamente ese diálogo entre estaciones, mares y despensas es el que define su carácter y se reconoce, plato a plato, en la mesa.
En el corazón de Puertochico, en Santander, Garbo Trattoria Moderna & Cocktail Bar propone una lectura contemporánea de la cocina italiana, construida desde la técnica, el respeto al producto y una sensibilidad que equilibra tradición y modernidad. No es una trattoria al uso: aquí se cuida el detalle, se busca la autenticidad y se persigue un sabor reconocible, de esos que permanecen en la memoria.
El proyecto nace de la mano de Giorgio Peis, italiano de Cerdeña, y Berta Rueda, madrileña con raíces cántabras, que tras una década compartiendo vida y cocina en Roma decidieron traer a Santander, en 2022, la esencia de una trattoria moderna, cálida y sincera. Una pareja bien acompasada dentro y fuera del proyecto, algo perceptible desde el primer momento. Su propuesta parte de una idea clara: crear un espacio donde sentirse en casa y donde el comensal encuentre una cocina honesta, pausada y bien ejecutada, en un entorno urbano cuidado, con identidad propia y una coctelería integrada con naturalidad en el conjunto.
El local acompaña ese discurso con una estética contemporánea, cálida y elegante, donde conviven el aire de trattoria moderna y un sutil punto cosmopolita. Un espacio cómodo y bien iluminado, pensado para alargar la sobremesa sin prisas y dejar que la experiencia fluya más allá del plato.
La propuesta gastronómica parte del recetario clásico italiano —pastas, guisos y salsas bien construidas— reinterpretado desde el territorio cántabro y el pulso de las estaciones. La carta, breve y en constante movimiento, se articula en torno al producto de temporada y a una ejecución precisa, con la pasta como eje vertebrador. No hay pizza, y sí una selección cuidada y expresiva de elaboraciones que dialogan con naturalidad entre Italia y Cantabria desde una mirada contemporánea.
La experiencia se abre con entrantes pensados para compartir, que aportan ritmo y dinamismo sin romper la coherencia del conjunto. Entre ellos aparecen propuestas como la Lode a Peppe Guida, homenaje explícito al mítico cocinero italiano; la Zucca alla piemontese, elaborada con calabaza vasca horneada y ligeramente ahumada a las finas hierbas, servida con una delicada fonduta de Gorgonzola D.O.P. y una reducción de Grignolino Piemontese; o la Mortadella di Bologna D.O.P. al pistacho, acompañada de giardiniera de verduras de temporada en agridulce y mostaza, junto a gnocco fritto recién hecho, que aporta textura y carácter al conjunto. Se suman platos como el Uovo tartuffato e asparagi, un huevo poché aromatizado con finas hierbas y trufa italiana, servido con una sedosa fonduta de Grana Padano D.O.P. 22 meses y espárrago verde escaldado; o el Guanciale e carciofi, con papada 100 % de cerdo ibérico de Garbo acompañada de alcachofas de temporada a la parrilla, ligeramente ahumadas con hierbas, y una crema de alcachofas al orégano que redondea el conjunto.
La pasta fresca ocupa un capítulo propio dentro de la propuesta. Trabajada con cocciones precisas y salsas bien ligadas, convive con recetas clásicas reinterpretadas con equilibrio y respeto por el recetario. Platos como las orecchiette broccoli e salsiccia, los rigatoni all’amatriciana, la carbonara —elaborada con rigatoni, crema de huevo, la justa proporción de Parmigiano Reggiano y Pecorino Romano D.O.P., guanciale de elaboración propia y pimienta negra— o los ravioli del Plin, rellenos de pollo alla cacciatora, demi-glace elaborada con sus huesos y mantequilla noisette aromatizada con tomillo limón, reflejan una cocina construida desde el producto y la técnica. A este apartado se suma el Fettuccine al ragù di cortile, con pasta fresca al huevo hecha a mano y servida con un ragú tradicional del norte de Italia elaborado con perdiz, conejo y pato, ligado con una bechamel aromatizada con azafrán de San Gavino Monreale, que aporta profundidad y carácter al conjunto.
El resultado son elaboraciones honestas y bien resueltas, que huyen del exceso y encuentran en la regularidad, el equilibrio y el sabor su principal hilo conductor.
En la carta de postres conviven creaciones en las que la técnica y la emoción van de la mano. Cada elaboración mantiene el equilibrio entre la tradición italiana y la sensibilidad cántabra, con un hilo conductor común: el gusto por el detalle, la honestidad en el producto y una ejecución impecable que convierte el final de la comida en un momento para recordar.
Si hay un postre que encarna a la perfección el espíritu del restaurante, ese es la Seada. Una receta tradicional de Cerdeña que en Garbo se reinterpreta con sensibilidad y producto local, transformando una antigua comida de pastores en una auténtica delicia contemporánea.
La masa, elaborada con agua y sémola, encierra un relleno de queso nata de La Pasiega de Peña Pelada, cuya textura y punto lácteo resultan ideales para fundirse con la ralladura de limón. Tras freírla con precisión, la Seada se sirve caliente, coronada con miel de flores y tomillo, en un juego de aromas y contrastes que evocan tanto al Mediterráneo como al norte verde de España.
Un bocado que une dos tierras —Cerdeña y Cantabria— a través del sabor, la memoria y el respeto por la tradición.
La coctelería ocupa un lugar propio dentro de la propuesta y se integra con naturalidad en la experiencia. La barra, viva y bien entendida, reúne cócteles clásicos ejecutados con precisión junto a creaciones de la casa, en una carta pensada tanto para acompañar el aperitivo como para prolongar la sobremesa. Tragos de autor conviven con referencias reconocibles, aportando un cierre relajado y coherente al paso por la mesa.
En conjunto, Garbo Trattoria Moderna & Cocktail Bar se consolida como una de las propuestas italianas más actuales de Santander. Un proyecto coherente y bien ejecutado, donde tradición y modernidad conviven con naturalidad en una experiencia cómoda y apetecible. El espacio acompaña ese discurso con una atmósfera cálida y cercana, de carácter casi doméstico: sillas de madera, mesas de mármol, estanterías con libros y fotografías, una radio antigua y un aparador repleto de vinos, vermús y conservas que evocan las tiendas de ultramarinos de antaño. El servicio, atento y conocedor, acompaña con acierto una bodega centrada en vinos italianos, plenamente coherente con el discurso culinario de la casa y con la voluntad de ofrecer un recorrido completo por los matices del país transalpino.
La intención es clara: no ser un italiano estandarizado. En Garbo Trattoria Moderna & Cocktail Bar se practica una auténtica pedagogía del sabor, acercando al comensal la diversidad y la riqueza de la cocina italiana más allá de los tópicos. Aquí no se viene con prisa; es un lugar para detenerse, conversar y disfrutar, con una cocina de confort elaborada con mimo, fuego lento y atención constante al detalle.
Garbo figura como Restaurante Recomendado en la Guía Repsol 2025, un reconocimiento que avala la solidez del proyecto dentro de la escena gastronómica cántabra y lo consolida como una de las trattorias modernas más interesantes del norte. En definitiva, un rincón para disfrutar sin prisas, donde Italia se encuentra con Cantabria y el sabor actúa como hilo conductor. Una dirección a tener en cuenta en Santander: un restaurante regular y bien asentado, que demuestra que la cocina italiana sigue teniendo recorrido cuando se trabaja con criterio.
FECHA VISITA: 31.10.2025 – 19.12.2025 – 30.01.2026
🗺️ Bonifaz, 19
39003 Santander, Cantabria
📱 641 78 52 60
🌐 www.garbosantander.com
📸 @garbo.santander
