Una pasta rectangular, almendra, canela y un apellido familiar. Los alciturrianos no nacieron como un dulce tradicional heredado de generaciones remotas: los creó un pastelero en Santander en 1950. Con el tiempo se convirtieron en parte de las meriendas de la ciudad, desaparecieron cuando cerró la pastelería donde se elaboraban y volvieron gracias a su hijo.
De la pastelería Alciturri a las meriendas santanderinas
Ángel Alciturri abrió su pastelería en la calle Peña Herbosa y allí dio forma a la receta que llevaría el nombre de la familia. Los alciturrianos encontraron pronto un lugar en el mostrador y en los hábitos de quienes acudían al establecimiento. Para muchos santanderinos, quedaron asociados a las bandejas de pastas de aquella confitería y a las compras de la infancia.
La jubilación del pastelero y el cierre del negocio interrumpieron su elaboración. A comienzos de este siglo, su hijo Víctor Alciturri retomó lo aprendido en el obrador familiar y volvió a hacerlos. La receta recuperada permitió que aquel dulce dejara de ser únicamente un recuerdo.
Una pasta con una textura propia
Los alciturrianos se elaboran con harina de trigo, manteca de cerdo, azúcar, almendra tostada y canela. Víctor prepara la masa, la estira y corta las porciones antes de hornearlas. Conserva las proporciones y los tiempos de cocción que forman parte de la receta de su padre.
Su forma y el azúcar que los cubre pueden hacer pensar en un polvorón, pero quienes los han probado describen una pasta más firme y crujiente, sin la textura quebradiza de aquel dulce. La almendra, la canela y el horneado definen una elaboración que no necesita rellenos ni coberturas para distinguirse.
Un obrador en Mogro, una historia de Santander
La producción continúa hoy en un pequeño obrador de Mogro, en el municipio de Miengo. Víctor sigue implicado en las distintas fases del trabajo y, aunque en verano recibe ayuda para atender una mayor demanda, mantiene una elaboración de escala reducida. Los alciturrianos se venden principalmente en Cantabria, sobre todo en comercios y mercados de Santander.
Dentro de la repostería cántabra, su historia tiene un rasgo singular: sabemos quién creó la receta, dónde empezó a venderse y cómo pudo recuperarse después de desaparecer. Los alciturrianos hablan de los obradores de barrio y de los dulces que una ciudad hizo suyos con el paso de los años. Hoy siguen saliendo del horno, mientras nuevas generaciones tienen la oportunidad de conocer aquello que otras creían perdido.
