En Pejanda, Casa Molleda conserva su historia en la piedra, en la barra y hasta en la etiqueta de su cerveza aniversario. Nació en 1928, cuando Ángel Molleda regresó al valle que le vio nacer para abrir un pequeño negocio de ultramarinos y fonda. Casi un siglo después, aquella casa familiar sigue mirando a Polaciones con la misma vocación de refugio: cocina de montaña, hospitalidad sencilla y ese poso que solo dejan los lugares donde varias generaciones han sabido unir memoria, oficio y territorio.
En Pejanda, en pleno valle de Polaciones, Casa Molleda pertenece a esa categoría de direcciones que no se explican solo por lo que sirven en la mesa, sino por el lugar que ocupan en su entorno. Hay restaurantes que funcionan como una prolongación natural del paisaje, de la memoria familiar y de una forma de hospitalidad sencilla, rural y profundamente cántabra. Este es uno de ellos.
Fundada en 1928, la casa mantiene viva una manera de entender la cocina y el trato que remite a otra escala del tiempo. Lo que nació como una vivienda familiar abierta a quienes llegaban al valle conserva todavía ese carácter de refugio rural, de parada reconocible para vecinos, viajeros, montañeros y visitantes que buscan algo más que una comida correcta. En Casa Molleda se come, pero también se reconoce una forma de estar en Polaciones.
El local conserva el aire de bar-posada de pueblo, con comedor, barra y una atmósfera familiar que encaja de manera natural con el entorno. Pejanda aporta buena parte del contexto: paisaje de montaña, tradición purriega, rutas, nieve en temporada y una identidad muy marcada dentro del occidente de Cantabria. Todo conduce a una cocina de reposo, de calor y de producto cercano.
La propuesta se mueve alrededor del recetario casero de montaña. Legumbres cocinadas con calma, verduras de huerta cuando la temporada lo permite, carnes de la zona y platos reconocibles que encuentran su valor en la cocción lenta, la generosidad de las raciones y la ausencia de impostura. Cordero, ternera, potro, caza, garbanzos, lentejas, torreznos, borono o chuletillas forman parte de un repertorio pensado para alimentar sin rodeos.
El cocido montañés resume buena parte de la personalidad del establecimiento. Es una cuchara de sabor profundo, con berza, alubia y compango al servicio de una receta contundente, honesta y muy reconocible. Un plato que no necesita reinterpretaciones para expresar su fuerza, porque su sentido está precisamente en la fidelidad a una cocina de invierno, de valle y de memoria.
Junto a esa línea de cuchara y guiso, Casa Molleda mantiene una carta donde las carnes ocupan un lugar destacado. El potro estofado, el cordero, las chuletillas o las elaboraciones de caza refuerzan esa idea de cocina ligada al entorno, pensada para reponer fuerzas tras una ruta, una jornada de nieve o una escapada por uno de los valles con mayor personalidad de Cantabria.
A esa identidad se suma Casa Molleda Aniversario, una cerveza con etiqueta propia y carácter conmemorativo, vinculada a la trayectoria de un negocio que ha sabido convertir su historia familiar en parte de su discurso. Más que un simple detalle, funciona como una prolongación de esa voluntad de mantener viva una memoria compartida.
El apartado dulce sigue el mismo camino. El arroz con leche y la tarta de galleta responden a una repostería casera, reconocible y de sabor familiar. Postres de casa de comidas, más cercanos a la memoria doméstica que al escaparate gastronómico, coherentes con el tono general de la propuesta.
Casa Molleda no busca el brillo de la cocina de tendencia, sino el carácter de los lugares que ayudan a comprender un valle. Es una dirección cercana, cálida y reconocible, donde Polaciones se come a fuego lento, con cuchara, pan y paisaje.
FECHA VISITA: 06.07.2026
Rock por cerveza: la historia más inesperada de Casa Molleda
Más allá de la cocina, Casa Molleda guarda también una de esas historias que parecen nacidas para contarse en la barra. Una anécdota simpática, casi improbable, que une a este restaurante de Pejanda con el rock nacional, una banda madrileña y un acuerdo tan poco habitual como memorable: tocar a cambio de cerveza.
El origen se remonta a 2008, cuando Tony de Juan, guitarrista vinculado a formaciones históricas del rock español como Coz y Ñu, llegó a Polaciones acompañando a su pareja, con raíces familiares en la zona. En una de aquellas paradas entró en Casa Molleda, compartió conversación en la barra y acabó contando que tenía una banda, Los Desleales, un grupo de veteranos del rock reunidos alrededor de la americana, el country y algunas versiones.
En Casa Molleda celebran cada octubre el aniversario de la fundación del negocio con una jornada pensada para clientes y amigos. Parrillada, ambiente de pueblo y música como forma de agradecimiento a quienes han acompañado a la familia durante generaciones. Cuando preguntaron a Tony cuánto cobraría por tocar allí con su grupo, la respuesta tuvo más de broma que de presupuesto: 6.000 euros. Ante la imposibilidad de asumir esa cifra, el caché terminó convertido en otra moneda mucho más de barra: 6.000 botellines de Mahou.
Lo curioso es que el acuerdo no quedó en una ocurrencia. La llamada llegó, la banda acudió a Pejanda y Los Desleales cumplieron su parte. Aquel concierto, nacido casi como un desafío entre bromas, terminó abriendo una relación de amistad con Casa Molleda. Con el tiempo, la anécdota dejó de ser un episodio aislado para convertirse en una tradición compartida entre músicos, vecinos, clientes y una casa acostumbrada a celebrar su historia con naturalidad.
La historia llegó incluso a convertirse en material publicitario para Mahou, que años después grabó en Pejanda un anuncio inspirado en aquel pacto de los 6.000 botellines. El spot acabaría retirándose tras las críticas de músicos y colectivos profesionales, que interpretaron el relato como una banalización del trabajo artístico. Pero, contada desde Casa Molleda, la historia conserva otro tono: el de un acuerdo voluntario, festivo y casi familiar, surgido entre risas, cerveza y rock en un pequeño pueblo del valle de Polaciones.
En el fondo, la anécdota encaja bien con el carácter del lugar. Casa Molleda no solo ha construido su identidad alrededor de la cocina de montaña, la cuchara y la hospitalidad rural. También alrededor de esas historias de barra que, con los años, se convierten en memoria compartida. En Pejanda, a veces, el paisaje se come a fuego lento. Y otras, suena a rock con una cerveza en la mano.
🗺️ Barrio Pejanda, s/n
39557 Polaciones, Cantabria
☎️ 942 729 008
🌐 www.posadacasamolleda.com
📸 @casa.molleda
