Las III Jornadas del Carico en Somo (Cantabria) convierten, hasta el 15 de marzo, a esta legumbre tradicional en protagonista de la gastronomía de invierno en la costa oriental cántabra. La iniciativa, ya consolidada en el calendario local, sitúa al carico como eje de una propuesta que combina producto, identidad territorial y dinamización comercial.
Impulsadas por la Junta Vecinal de Somo, las jornadas articulan una ruta gastronómica en la que varios restaurantes de la localidad ofrecen platos elaborados con caricos a un precio común de 12 euros. La fórmula refuerza el valor del producto tradicional cántabro y atrae tanto a público local como a visitantes durante la temporada invernal.
El carico forma parte del patrimonio culinario de Cantabria. Presente en guisos de cocción lenta y fondos intensos, ha sido durante generaciones uno de los pilares de la cocina doméstica en los meses fríos. Su recuperación en formato de jornadas gastronómicas actualiza esa memoria culinaria sin perder autenticidad, conectando tradición y actualidad desde el respeto al producto y a la estacionalidad.
En esta tercera edición participan Melly, La Venta de Somo, El Rincón de Zeto, Euromar y Rompeolas. Cada establecimiento propone su propia versión del plato manteniendo el carico como elemento central, consolidando así el posicionamiento de Somo dentro del invierno gastronómico de Cantabria.
Las jornadas incorporan además la campaña “Comprar en Somo tiene premio”, orientada a estimular el consumo en el comercio local. Las compras superiores a 15 euros en los negocios adheridos dan acceso a una rasca con la que se puede optar a más de 2.000 euros en premios en metálico, además de distintos incentivos aportados por los propios establecimientos.
En el ámbito hostelero, cada consumición de caricos durante el periodo de las jornadas permite obtener una rasca adicional. Los premios podrán canjearse posteriormente en los comercios participantes, reforzando el impacto económico dentro del propio municipio.
Con esta tercera edición, Somo consolida las Jornadas del Carico como una cita estable en la agenda gastronómica de Cantabria. Una propuesta que demuestra cómo el producto tradicional, trabajado desde el territorio y la temporada, sigue siendo una herramienta eficaz para proyectar identidad y fortalecer el tejido local.
¿Qué es el carico? Origen e historia de una legumbre clave en Cantabria
El carico es una variedad tradicional de alubia cultivada en Cantabria, especialmente vinculada a la cocina de invierno y a los guisos de larga cocción. Se caracteriza por su forma redondeada, color marrón vinoso uniforme y una pequeña marca clara en el hilo. Es una legumbre de producción limitada y alto valor gastronómico dentro del recetario cántabro.
Las alubias llegaron a Europa desde América en el siglo XVI, aunque su implantación agrícola no fue inmediata. No fue hasta finales del siglo XVIII y comienzos del XIX cuando su cultivo empezó a consolidarse en distintas regiones. En Cantabria, el carico encontró un entorno propicio y se integró en un modelo agrícola tradicional compartido con el maíz.
Durante generaciones, ambos cultivos convivieron en los maizales mixtos. El maíz actuaba como tutor natural para las alubias de enrame, mientras estas aportaban nitrógeno al suelo, mejorando su fertilidad. Este sistema agrícola complementario favoreció la expansión del carico en determinadas comarcas, especialmente en Trasmiera.
El origen del término “carico” no está plenamente documentado. Algunas teorías lo relacionan con la palabra “carica”, aludiendo a la pequeña mancha que presenta el grano. Otras apuntan a la adaptación del término francés haricot, introducido por trabajadores extranjeros vinculados a las fábricas de Liérganes y La Cavada o por la presencia francesa en el siglo XIX. En cualquier caso, el vocablo forma parte del habla tradicional montañesa.
Desde el punto de vista culinario, el carico destaca por su textura extremadamente tierna y su piel fina, casi imperceptible tras la cocción. La preparación más representativa es el estofado con chorizo, elaborado lentamente, preferiblemente en cazuela de barro. El resultado es un caldo con cuerpo y profundidad, símbolo de la gastronomía tradicional de Cantabria durante los meses fríos.
