Hay restaurantes que se explican desde la técnica y otros que solo se comprenden desde la historia que los sostiene. Ikaro* pertenece claramente a esta segunda categoría. En pleno corazón de Logroño, la cocina de Iñaki Murua y Carolina Sánchez nace del encuentro entre tres territorios —Ecuador, el País Vasco y La Rioja— y convierte esa biografía compartida en un lenguaje culinario de enorme personalidad. Aquí cada pase habla de memoria, de producto y de emoción, pero también de una forma de entender la gastronomía como diálogo entre culturas, donde el plato trasciende la mera ejecución para convertirse en expresión de una identidad propia.
En la avenida de Portugal, en ese Logroño que trasciende el relato más evidente del vino y el tapeo para proyectarse como plaza de alta cocina, Ikaro* es una de las mesas que mejor explican la madurez gastronómica de la ciudad y ocupa un lugar propio dentro del discurso culinario contemporáneo de La Rioja.
El restaurante responde a un modelo de autor plenamente definido: sala sobria, ambiente cálido y un servicio magistral que acompaña con la precisión que exige una experiencia gastronómica de este nivel. Hay una idea muy clara de casa elegante, donde la forma nunca desplaza al fondo y donde el ritmo de sala sostiene, con aparente naturalidad, un relato culinario cuidadosamente construido.
Al frente, Iñaki Murua y Carolina Sánchez han levantado una de las propuestas más personales y reconocibles del panorama nacional. La cocina de Ikaro* encuentra su identidad en el diálogo entre tres territorios —País Vasco, La Rioja y Ecuador—, un cruce que no se presenta como recurso estético, sino como un lenguaje real, plenamente integrado en cada elaboración.
La experiencia comienza ya desde los primeros pases del menú, donde esa triple raíz se hace evidente. Su chacina inicial, con elaboraciones como el chorizo ambateño, el chorizo riojano y el chorizo vasco acompañados de pan de maíz, funciona como una auténtica declaración de intenciones: producto, biografía y territorio convertidos en bocado.
Los aperitivos refuerzan esa idea con una secuencia muy bien medida. Calamares en su tinta, ceviche de langostino, mejillones tigre con tomate de árbol y pochas con codorniz muestran la manera en que la casa articula técnica, intensidad y contraste. Especialmente interesante resulta la convivencia entre la despensa riojana y determinados acentos latinoamericanos, integrados con coherencia y sin gesto impostado.
Es precisamente en los pases centrales donde la propuesta alcanza una profundidad especial. La técnica vasca, el producto riojano y la memoria gustativa ecuatoriana conviven aquí en un equilibrio poco frecuente, donde el mestizaje no responde a la moda, sino a una historia compartida y a una voz culinaria plenamente madura.
La terrina de pollo Lumagorri con su demi-glace y alcachofas revela una cocina de fondo, precisa y con notable profundidad gustativa. En esa misma línea, el cocido de alubia de Tolosa con empanada de verde, ají, pepinillos y jugo del propio cocido resume con especial brillantez la filosofía de la casa: una elaboración de raíz clásica reinterpretada desde la memoria personal y una técnica contemporánea puesta siempre al servicio del sabor.
La lubina a la parrilla con menier de pimientos asados y cebolleta en texturas introduce una lectura limpia y elegante del producto, mientras que la codorniz rustida, acompañada de su jugo escabechado y cebolleta, confirma el excelente dominio de las cocciones, los fondos y la construcción del plato.
El tramo dulce mantiene intacta la coherencia del conjunto. La cuajada de oveja con velo de mango, donde la fruta aporta frescura y tensión, prolonga esa idea de equilibrio entre textura y acidez antes del cierre final con los petits fours.
La estacionalidad marca con claridad el pulso de la propuesta. La carta y los menús evolucionan con el mercado, pero siempre bajo una misma premisa: precisión técnica, profundidad de sabor y una personalidad culinaria muy marcada. Es una cocina reconocible desde el primer pase por su manera de ensamblar fondo, acidez, textura y emoción.
A ello se suma una lectura especialmente inteligente del vino. En una tierra como La Rioja, la bodega no actúa como mero acompañamiento, sino como parte estructural de la experiencia. La casa entiende perfectamente el contexto en el que se inserta y lo incorpora con absoluta naturalidad al discurso gastronómico.
Ikaro* resume con brillantez una forma muy contemporánea de entender la cocina de autor: identidad, territorio y memoria puestos al servicio del sabor, con una voz propia difícil de confundir.
Una mesa donde Logroño dialoga con Ecuador y el País Vasco desde la técnica, la emoción y el producto, y donde cada pase confirma que la alta cocina solo cobra sentido cuando el discurso termina siempre en el plato.
FECHA VISITA: 04.04.2025
🗺️ Avenida de Portugal, 3
26001 Logroño, La Rioja
☎️ 941 57 16 14
🌐 www.restauranteikaro.com
📸 @restaurante_ikaro
