La cervecera cántabra conmemora sus dos décadas de trayectoria con una serie de elaboraciones compartidas con fábricas nacionales e internacionales, mientras trabaja en nuevos proyectos como el desarrollo de una cerveza 0,0 tostada.
Cervezas Dougall’s cumple veinte años. Dos décadas separan aquellas primeras elaboraciones en un garaje de Liérganes de una empresa convertida en una de las principales referencias de la cerveza artesana española. Un crecimiento sostenido sin abandonar Cantabria ni una manera propia de entender esta bebida: cercana, accesible y vinculada al encuentro alrededor de una barra.
Andrew Dougall y Enrique Cacicedo son las caras visibles de una cervecera que ha atravesado dificultades, ampliaciones y una profunda transformación del mercado. Una evolución que celebra durante 2026 con veinte cervezas elaboradas en colaboración con otras tantas fábricas nacionales e internacionales.
De un garaje de Liérganes a una cervecera de referencia
Andrew Dougall comenzó a elaborar sus propias recetas después de instalarse con su familia en Liérganes en 1997. Procedente de una cultura cervecera estrechamente ligada a los pubs británicos y después de conocer en Estados Unidos el potencial aromático de los lúpulos americanos, echaba en falta en España una mayor diversidad de estilos, aromas y perfiles de amargor.
La marca salió al mercado en 2006 desde una pequeña fábrica de cuarta mano procedente de Pembroke, en Gales. Aquella primera instalación tenía capacidad para producir 400 litros y comenzó trabajando con tres variedades: rubia, tostada y negra.
En 2008 Andrew conoció a Enrique Cacicedo y a Anna en el bar El Trastero de Liérganes. Tres años después, Andrew y Cacicedo se asociaron y alquilaron una nave de 300 metros cuadrados, un cambio que permitió elevar la capacidad de producción hasta los 2.500 litros por lote.
Aquel crecimiento se construyó a partir del aprendizaje práctico y de jornadas que comenzaban con los primeros rayos de sol. Empezar temprano permitía afrontar cualquier avería mientras las ferreterías permanecían abiertas o todavía era posible localizar a un fontanero. Los recursos eran limitados y los problemas frecuentes, pero abandonar el proyecto nunca llegó a contemplarse como una posibilidad.
Los mercadillos y las ferias resultaron esenciales durante los primeros años. Dougall’s entendió que, antes de intentar entrar en los bares, debía despertar el interés de quienes bebían cerveza. El objetivo era que los propios consumidores conocieran sus elaboraciones, comenzaran a solicitarlas en los establecimientos y contribuyeran a generar la demanda desde abajo.
Escuchar por primera vez cómo alguien pedía una 942 en una barra supuso una de esas pequeñas victorias que confirmaban que el camino comenzaba a dar resultado. Lanzada en 2012, esta American Pale Ale elaborada con lúpulos Simcoe y Cascade acabó convirtiéndose en una de las referencias más reconocibles de la casa.
Una cerveza pensada desde el otro lado de la barra
Desde sus comienzos, Dougall’s ha defendido una cerveza artesana dirigida a un público amplio. Sus responsables se consideran consumidores antes que cerveceros y aseguran contemplar el negocio desde el otro lado de la barra.
Esa perspectiva explica la apuesta por precios contenidos y por cervezas pensadas para acompañar una conversación o una reunión, sin necesidad de reclamar todo el protagonismo. También ayuda a entender por qué la empresa ha mantenido Cantabria como principal punto de referencia, incluso cuando su crecimiento podía haber orientado la mirada hacia mercados de mayor tamaño como Madrid o Barcelona.
Durante estas dos décadas también ha cambiado de manera notable la cultura cervecera. Conceptos como IPA o lúpulo, desconocidos para buena parte del público cuando Dougall’s comenzó su actividad, forman ya parte del vocabulario habitual. El consumidor ha aprendido a reconocer estilos, aromas, niveles de amargor y características diferenciadas, facilitando que las pequeñas cerveceras puedan explicar mejor sus elaboraciones.
Un crecimiento financiado por sus consumidores
Uno de los principales puntos de inflexión llegó en 2019, cuando las instalaciones volvieron a quedarse pequeñas. Frente a la entrada de capital procedente de grandes grupos cerveceros, Dougall’s optó por una ronda de financiación participativa.
La operación reunió cerca de 1,25 millones de euros aportados por alrededor de 400 inversores en poco más de seis horas. Una respuesta que permitió afrontar la ampliación de la fábrica y que, al mismo tiempo, supuso una importante demostración de confianza por parte de consumidores, distribuidores y seguidores de la marca.
La financiación también transformó la gestión de la compañía. A la responsabilidad de elaborar y comercializar cerveza se sumó la obligación de administrar el dinero de cientos de nuevos socios y responder ante quienes habían decidido participar en el futuro del proyecto.
La ampliación permitió avanzar hacia una organización más especializada, con profesionales dedicados a la elaboración, el envasado, el control de calidad, el almacén, el diseño y la administración. La plantilla está formada habitualmente por quince personas y puede alcanzar las dieciocho durante el verano, coincidiendo con el aumento de las visitas guiadas y las comidas celebradas en la fábrica.
Una producción vinculada a la economía circular
La sostenibilidad se ha convertido en otro de los pilares del proyecto. La cervecera trabaja para aprovechar los principales subproductos generados durante la elaboración y reducir al mínimo los residuos.
El bagazo, formado por la malta de cebada sobrante después de extraer los azúcares necesarios para elaborar la cerveza, se destina a la alimentación del ganado. Dougall’s genera alrededor de dos toneladas semanales, repartidas entre sus propias vacas y las de un ganadero de la zona.
Los restos de lúpulo se mezclan con serrín para obtener abono vegetal, mientras que la levadura sobrante se utiliza en la elaboración del queso Cremosuco a la cerveza de La Pasiega de Peña Pelada. De este modo, materiales que inicialmente podrían considerarse residuos adquieren una segunda utilidad y favorecen la colaboración con otros productores de la comarca.
La compañía contempla además conducir el excedente de dióxido de carbono generado durante la fermentación hasta un invernadero de 300 metros cuadrados situado en sus instalaciones. Se trata de una iniciativa planteada dentro de la ampliación de la fábrica y que permitiría seguir profundizando en este modelo de aprovechamiento de recursos.
Veinte cervezas para celebrar veinte años
El aniversario se articula alrededor del proyecto 20 años, 20 cervezas, 20 colaboraciones, una serie de elaboraciones compartidas con diez cerveceras españolas y otras diez internacionales.
Las colaboraciones se presentan aproximadamente cada quince días y de cada receta se elaboran alrededor de 5.000 litros. La vertiente principal de la iniciativa se distribuye en barril entre 150 establecimientos adheridos de toda España, reforzando el protagonismo de los bares en una celebración concebida para desarrollarse alrededor de sus grifos.
El proyecto reconoce así el papel desempeñado por los establecimientos hosteleros en el crecimiento de la marca. Los bares fueron fundamentales para dar a conocer Dougall’s durante sus primeros años y vuelven a ocupar un lugar central en la conmemoración de sus dos décadas de trayectoria.
El trabajo con otras fábricas permite además compartir recetas, técnicas y conocimientos. Una de las sorpresas para sus responsables ha sido comprobar que varias cerveceras internacionales conocían ya Dougall’s pese a no haber colaborado anteriormente con ella y a que la firma cántabra no ha desarrollado una actividad exportadora especialmente significativa.
Más allá de los reconocimientos obtenidos en concursos nacionales e internacionales, Andrew Dougall y Enrique Cacicedo siguen situando entre sus mayores satisfacciones entrar en un bar y escuchar cómo alguien pide una de sus cervezas.
Una cerveza 0,0 tostada entre los próximos retos
El futuro pasa por continuar creciendo y ampliar el catálogo sin perder el carácter que ha acompañado a la empresa desde sus orígenes. Entre los proyectos en desarrollo se encuentra una cerveza 0,0 tostada, diferente de Sin, la referencia de baja graduación que Dougall’s ya comercializa.
La formulación plantea el desafío de conservar el aroma, la estructura y el equilibrio de una cerveza tostada prescindiendo del alcohol. Un trabajo que todavía se encuentra en fase de desarrollo y con el que la compañía busca responder a una demanda cada vez más presente en el mercado.
Mientras avanzan las pruebas, cada fundador mantiene sus preferencias dentro del catálogo. Andrew Dougall continúa eligiendo la 942, una de las referencias históricas de la casa, mientras que Enrique Cacicedo se inclina por la nueva Session IPA.
La conmemoración tendrá su cita central el próximo 26 de septiembre de 2026 en Liérganes, con una jornada que comenzará en la fábrica y continuará en la pista cubierta del municipio. El programa anunciado incluye música en directo, gastronomía, actividades culturales y una IPA conmemorativa que únicamente podrá degustarse durante la celebración.
Veinte años después de aquellas primeras elaboraciones en un garaje, Dougall’s conserva la misma idea de fondo: crecer desde Liérganes, mantener la cerveza cerca de quienes la beben y seguir considerando Cantabria no solo como su lugar de origen, sino también como el territorio desde el que construir su futuro.
