En Muriedas (Camargo, Cantabria), a pocos minutos de Santander, La Jibia responde a un modelo poco habitual en el entorno: el de una arrocería concebida como especialidad y no como un apartado más de la carta. En una zona donde el arroz suele ocupar un papel complementario, aquí se convierte en el eje sobre el que gira toda la propuesta. Desde su apertura, a finales de 2025, la casa ha ido construyendo una identidad clara y reconocible.
El proyecto está impulsado por Pablo Pérez Cisneros y Jonatan Ibaseta. Pablo, formado en la Escuela de Hostelería de Peñacastillo y con experiencia en cocinas como La Voladora, Bodega del Riojano o Palacio del Mar, entra en contacto directo con la cocina levantina durante su etapa en Bezana Lago. Allí se define buena parte de lo que hoy traslada a La Jibia: una manera de entender el arroz basada en el respeto al producto, la importancia de los fondos y la precisión en el punto de cocción.
El restaurante ocupa un espacio amplio, luminoso y funcional. La carta reúne verduras, elaboraciones marineras, carnes y diferentes propuestas pensadas para compartir, aunque son los arroces los que mejor explican la identidad de la casa.
Antes de llegar a los arroces, la carta propone un picoteo variado y bien integrado en el conjunto. La burrata con salmorejo, tomate cherry y aceituna negra ofrece una combinación fresca y equilibrada, mientras que la alcachofa confitada introduce un registro vegetal bien afinado.
Más intensos resultan los champiñones rellenos, con una bechamel de papada ibérica y maíz frito que aporta un contraste crujiente a una elaboración cremosa y de sabor marcado. Las croquetas permiten recorrer dos perfiles diferenciados: el más clásico del jamón y el carácter marinero de las elaboradas con jibia. Esa conexión con el producto que da nombre a la casa reaparece en el guiso de jibia en tinta con patata baby, mojo y alioli. Completan este apartado raciones como las albóndigas al vino tinto, que incorporan una opción de carne sin restar coherencia al conjunto.
A partir de ahí, la propuesta de arroces se apoya en la tradición de Castellón y Alicante, donde la técnica no es un recurso, sino la base del discurso. Capas finas, fondos bien trabajados y tiempos medidos para que el grano absorba sabor sin perder estructura. El socarrat no aparece como un gesto forzado, sino como consecuencia natural de una ejecución precisa. Aquí, el uso de variedad Sénia y el enfoque en raciones pensadas para compartir refuerzan una lectura clásica, bien asentada.
La carta se organiza con coherencia en torno a ese planteamiento, con una selección de arroces que permite recorrer distintos registros sin perder identidad: del meloso de rape y gambón al seco de gamba roja, pasando por paellas de marisco, opciones de verdura o elaboraciones más contundentes como el arroz de rabo. También hay presencia de fideuá, trabajada desde la misma lógica técnica y con el mismo nivel de exigencia.
El cierre mantiene la coherencia del conjunto con postres reconocibles, sin excesos y pensados para terminar la comida con equilibrio. La tarta de queso presenta un perfil cremoso y equilibrado, mientras que la tarta de la abuela con helado de nata apuesta por un registro más clásico y goloso. Completan el apartado dulce el risotto caramelizado y el flan de vainilla, dentro de un recetario sencillo, bien ejecutado y alineado con el resto de la propuesta.
La Jibia se posiciona desde la especialización y demuestra que una arrocería no se define únicamente por incorporar paellas a su carta, sino por entender el arroz como una disciplina que exige técnica, buenos fondos, producto y respeto por los tiempos de cocción. En un contexto donde rara vez ocupa un papel protagonista, la casa construye a su alrededor una propuesta definida, coherente y sin concesiones innecesarias. Fondo, punto y producto. Y, a partir de ahí, que el arroz haga el resto.
FECHA VISITA: 20.04.2026 – 12.07.2026
🗺️ Pedro Velarde, 8
39600 Muriedas. Camargo, Cantabria
☎️ 942 12 68 00
📸 @lajibiamuriedas
