La cocina tradicional cántabra continúa ampliando su presencia fuera de la región. En esta ocasión, uno de sus platos más representativos, el cocido lebaniego, ha viajado hasta Valladolid para protagonizar unas jornadas gastronómicas que ponen en valor la identidad culinaria de la comarca de Liébana.

El escenario elegido ha sido el Hotel ELE Enara, donde durante varios días este plato emblemático de Cantabria se incorpora a la oferta gastronómica del establecimiento. Se trata de una iniciativa gastronómica que trae el sabor de los Picos de Europa a la ciudad de la mano del restaurante Hostal Remoña, ubicado en Espinama (Camaleño, Cantabria), responsable de la elaboración y reconocido por la calidad de su cocido lebaniego.

No en vano, este cocido ha sido distinguido como el mejor de la comarca, consolidando al establecimiento como una de las referencias imprescindibles para entender la cocina tradicional lebaniega.

Un plato que explica un territorio

El cocido lebaniego no es solo una receta tradicional: es una construcción gastronómica ligada directamente al territorio. Su origen en la comarca de Liébana, marcada por el clima de montaña y la actividad ganadera, condiciona tanto sus ingredientes como su estructura.

A diferencia de otros cocidos del norte, el lebaniego se articula en tres vuelcos bien definidos. Primero, la sopa, concentrada y reconfortante. Después, los garbanzos —de pequeño tamaño y gran finura— acompañados de berza. Y finalmente, el compango, donde aparecen carnes como el tocino, el chorizo o la morcilla, junto al característico relleno, una de las señas de identidad del plato.

Se trata de una cocina pensada para alimentar, pero también para sostener. Una cocina de raíz campesina que ha evolucionado sin perder su esencia y que hoy se interpreta como uno de los grandes símbolos gastronómicos de Cantabria.

Hostal Remoña: tradición, familia y cocina de Liébana

Detrás de esta propuesta está el Hostal Remoña, un negocio familiar con más de 40 años de trayectoria que avalan el trabajo de la familia Prellezo. Al frente de la cocina se encuentra Jesús Prellezo, responsable de mantener viva una manera de cocinar profundamente ligada al territorio.

La carta del establecimiento refleja esa identidad con claridad: una presencia constante de platos propios de la comarca, elaborados desde el respeto al producto que históricamente ha definido la cocina lebaniega. Aquí no hay reinterpretaciones forzadas, sino continuidad, conocimiento y oficio.

Este recorrido consolidado, unido al reconocimiento obtenido por su cocido, explica su presencia en unas jornadas que buscan representar con fidelidad la cocina de Liébana fuera de Cantabria.

Una elaboración que marca la diferencia

El cocido lebaniego del Hostal Remoña se construye desde una lógica clara: producto de origen y ejecución precisa. El empleo de ingredientes de Liébana —salvo el garbanzo— y una elaboración meticulosa por parte de Montserrat Prellezo dan como resultado un conjunto de gran profundidad y equilibrio.

De inicio, la sopa ya sorprende por su sabor, por su densidad y por su aroma, anticipando el nivel del conjunto. Después llega la generosa bandeja con el compango: garbanzos, berza y verdura de la propia huerta, chorizo, longaniza —elaborada con carnes de segunda del cerdo—, tocino, carne de ternera y de cerdo, cecina de cabra —que aporta un matiz diferencial y enriquece el caldo— y el relleno, una tortilla elaborada con miga de pan, cebolla y perejil que, una vez cocinada, se incorpora a la sopa.

Un conjunto que responde a una cocina de aprovechamiento elevada a la categoría de identidad gastronómica.

De Liébana a Valladolid: cocina y relato

La propuesta presentada en Valladolid no se limita a reproducir el plato, sino que busca trasladar al comensal todo el contexto que lo rodea. El cocido se presenta como una experiencia completa en la que cada vuelco ayuda a entender el territorio del que procede.

El relato gastronómico cobra aquí especial importancia: el paisaje de Liébana, la tradición ganadera, el aprovechamiento de los recursos y la cultura de la cocina de cuchara se convierten en elementos fundamentales para interpretar el plato.

Un referente de la gastronomía cántabra

La presencia del cocido lebaniego fuera de Cantabria consolida su papel como uno de los grandes iconos de la cocina regional. Tradicionalmente vinculado a Potes y a los valles lebaniegos, este plato ha ido ganando reconocimiento en los últimos años gracias a jornadas gastronómicas, eventos especializados y el trabajo de casas como Remoña, que han sabido preservar su esencia.

En un contexto en el que la cocina tradicional vive un renovado interés, el cocido lebaniego se posiciona como una propuesta sólida: producto, técnica y coherencia cultural en un mismo plato.

Tradición que viaja, identidad que permanece

El hecho de que el cocido lebaniego llegue a ciudades como Valladolid confirma una tendencia creciente: la proyección de las cocinas regionales más allá de su territorio de origen.

En ese movimiento, Cantabria encuentra en este plato uno de sus mejores embajadores. Una receta que no solo alimenta, sino que explica una forma de vida, un paisaje y una manera de entender la cocina.

Porque hay platos que trascienden la mesa. Y el cocido lebaniego es, sin duda, uno de ellos.