Hay celebraciones que trascienden el calendario festivo para convertirse en una expresión reconocible del territorio. Eso volvió a ocurrir este pasado 4 de abril en Secadura, dentro del municipio de Voto, donde el tradicional Concurso de Puchero de Caricos se celebró una vez más como una de las citas gastronómicas y populares más arraigadas de la comarca de Trasmiera.

Integrado en las fiestas de Pascua de Resurrección, el encuentro reunió a vecinos, cuadrillas y visitantes en torno a uno de los platos más representativos de la cocina tradicional cántabra: los caricos, esa pequeña alubia roja de profundo arraigo en el recetario regional y especialmente ligada a la memoria culinaria del medio rural.

Desde primera hora de la mañana, los pucheros comenzaron a ocupar las calles y espacios habilitados para el certamen. A fuego lento, durante varias horas, las cuadrillas cocinaron en directo sus elaboraciones bajo unas bases que mantienen intacta la esencia de la receta: carico rojo montañés, cebolla y pimiento choricero, sin presencia de “sacramentos”, en una defensa clara de la versión más ortodoxa y reconocible del plato.

Más allá de la propia competición, el jurado valoró aspectos como el sabor, la textura del guiso y la presentación final, elementos que, en una elaboración aparentemente sencilla, exigen precisión en los tiempos, equilibrio en el fondo y respeto absoluto al producto.

Pero reducir la jornada a un concurso culinario sería quedarse corto. La cita volvió a desplegar su dimensión más social y festiva, con mercado agroalimentario de productos cántabros, música, romería y actividades populares que reforzaron el carácter comunitario del encuentro y su capacidad para atraer visitantes a uno de los enclaves más auténticos de Trasmiera.

Es precisamente ahí donde reside buena parte del valor de esta celebración. Secadura no solo organiza un certamen gastronómico: proyecta una manera de entender la cocina como patrimonio colectivo, como espacio de convivencia y como vínculo entre producto, territorio y memoria.

En un tiempo marcado por la rapidez y la uniformidad, esta fiesta volvió a reivindicar lo local, lo pausado y lo auténtico. El concurso de caricos se confirmó, una vez más, como uno de los eventos gastronómicos populares más representativos de Cantabria, una cita donde el futuro sigue cocinándose, literalmente, a fuego lento.