En Liébana hay casas que no se anuncian: se descubren. El Hotel del Oso es una de ellas. En el barrio de Areños, en Cosgaya, junto al rumor constante del río Deva y bajo la presencia imponente de los Picos de Europa, esta casa de montaña se ha convertido con el tiempo en uno de esos lugares donde la cocina forma parte inseparable del paisaje.
La historia comienza en 1971, cuando Severo Rivas y Caridad González —vecinos del propio Cosgaya— decidieron levantar aquí un pequeño hotel. Él, constructor autodidacta; ella, cocinera con un talento natural para los fogones. Lo que nació como una iniciativa familiar acabó transformándose con los años en una de las direcciones más reconocibles de la comarca, especialmente para quienes buscan uno de los grandes platos del recetario cántabro: el cocido lebaniego.
Hoy el proyecto continúa en manos de sus cuatro hijas —Ana, Teresa, Irene y Cari— que mantienen vivo el espíritu de la casa con la naturalidad de quien ha crecido entre mesas, cazuelas y clientes fieles. Bajo su cuidado, la cocina de El Oso sigue elaborando el cocido lebaniego con la precisión casi ritual que exige este plato de montaña. Un guiso que aquí no se entiende solo como receta, sino como una forma de contar la historia de Liébana a través de la cuchara.
En Liébana, la cocina siempre empieza en la montaña. En pleno corazón del valle, a los pies del macizo central de los Picos de Europa, el restaurante del Hotel del Oso, en Cosgaya (Camaleño), es una de esas casas que explican bien la cocina tradicional de montaña en Cantabria. Un lugar donde el paisaje condiciona la despensa y donde el paso del tiempo ha consolidado una manera de cocinar profundamente ligada al territorio, a la memoria culinaria y al producto local.
La propuesta gastronómica gira en torno a la cocina de cuchara y a los grandes guisos de la tradición cántabra. En la carta aparecen dos de los platos más representativos del recetario regional: el cocido montañés y el cocido lebaniego. Mientras el primero responde a la cocina de alubia blanca, berza y compango propia de los valles interiores de Cantabria, el segundo es el gran plato identitario de Liébana y el verdadero protagonista de la mesa en esta casa.
En El Oso el cocido lebaniego se sirve siguiendo la secuencia clásica que marca la tradición de la comarca: primero la sopa, elaborada con el caldo del propio cocido; después los garbanzos con berza y relleno; y finalmente las carnes y el compango. Un ritual gastronómico que forma parte de la cultura culinaria de Liébana y que aquí se mantiene con respeto y fidelidad al recetario tradicional.
La base del plato parte del pequeño garbanzo de Liébana, una variedad apreciada por su piel fina y su textura cremosa. Se acompaña de berza, patata y un compango generoso donde aparecen productos tradicionales de la matanza como chorizo, morcilla, tocino o carne curada. Todo ello cocido lentamente hasta lograr un caldo profundo y sabroso que da sentido a todo el conjunto. El resultado es un cocido rotundo y equilibrado, de esos que reconfortan y que explican bien la cocina de montaña: platos pensados para alimentar, para compartir y para responder a un territorio duro donde la cocina siempre ha estado ligada al clima y al trabajo del campo.
Antes de llegar al cocido, la carta propone entrantes de corte clásico que encajan bien con el espíritu de la casa. Destacan especialmente las croquetas caseras —de jamón, de espinacas o incluso de cocido—, elaboradas con bechamel cremosa y fritura ligera. A ello se suman propuestas que suelen aparecer fuera de carta según temporada o mercado, como alcachofas naturales, tarrinas de foie acompañadas de miel y frutos rojos o platos tan tradicionales como la oreja de cerdo, servida frita o a la plancha.
Más allá del cocido, la carta mantiene una lectura clara de cocina cántabra de interior: guisos de temporada, carnes bien trabajadas y recetas donde el producto local marca el paso. Una cocina directa y reconocible, centrada en el sabor y en el respeto al recetario popular.
El apartado dulce mantiene también esa mirada tradicional. Aparecen clásicos muy ligados a la repostería casera del norte como las natillas, el arroz con leche, el tocino de cielo o la crema cántabra tostada al orujo de Liébana. También hay tartas de elaboración sencilla —de limón, manzana, queso o nueces con chocolate— y propuestas más singulares como el canónigo, una clara de huevo a punto de nieve horneada con caramelo sobre natillas y avellana molida. A ello se suman helados caseros con guiños locales, como el de orujo con miel o el de queso fresco, además de sorbete de limón al cava o mousse de yogur.
El comedor conserva ese aire de refugio de montaña tan propio de la comarca: ambiente cálido, madera, vistas al paisaje y un servicio cercano que refuerza la hospitalidad rural. El Hotel del Oso forma parte desde hace años del imaginario gastronómico de quienes recorren Liébana, tanto para quienes llegan atraídos por los Picos de Europa como para quienes buscan sentarse a la mesa con la calma que exige la cocina de cuchara.
En un territorio donde la tradición culinaria mantiene un peso determinante, El Oso representa la continuidad de esas casas que siguen defendiendo el recetario local. Y entre los platos que mejor explican la identidad gastronómica de Liébana, el cocido lebaniego sigue siendo el motivo principal para detenerse en Cosgaya.
Porque en Liébana, el cocido no es solo un plato: es la montaña servida en la cuchara.
FECHA VISITA: 07.03.2026
🗺️ Barrio Areños, 2
39582 Cosgaya. Camaleño, Cantabria
☎️ 942 73 30 02
🌐 www.hoteldeloso.es
📸 @hoteldeloso
