Entre barricas, cereal y tiempo, Cantabria vuelve a situarse en el foco internacional de la gastronomía líquida. En un territorio más asociado tradicionalmente al vino, la cerveza artesana o la cocina de producto, el whisky comienza a escribir también un relato propio, cada vez más sólido y con mayor proyección exterior.
La destilería cántabra Siderit, con sede en Puente Arce, ha sido distinguida en los World Whiskies Awards 2026, uno de los certámenes de mayor prestigio mundial dentro del sector, al obtener el reconocimiento como Best Spanish Rye con su 2026 Whisky PX Cask Rye, dentro de la categoría de whiskies de centeno. Un galardón que sitúa de nuevo a Cantabria entre las referencias internacionales del whisky artesanal.
Más allá del premio, la noticia confirma la madurez de un proyecto que lleva años consolidando su presencia fuera de España. Fundada en 2013 por David Martínez y Rubén Leivas, Siderit nació con una clara vocación artesanal y de gama alta, primero desde la ginebra y el vodka premium y, posteriormente, trasladando ese mismo rigor técnico al whisky.
El destilado premiado parte de una base de centeno, una elección menos frecuente en el panorama europeo y que ya imprime una personalidad muy definida desde el origen. A ello se suma una crianza en barricas previamente envinadas con Pedro Ximénez, un trabajo de afinado que aporta profundidad aromática y un perfil especialmente reconocible.
En nariz aparecen recuerdos de chocolate y panal, mientras que en boca ofrece un paso suave y envolvente, con matices de chocolate blanco, miel, turrón, jengibre, canela y cúrcuma, rematado por un final cálido, largo y equilibrado. Una lectura sensorial que ayuda a entender por qué esta referencia ha logrado abrirse paso en un circuito históricamente dominado por países con larga tradición destiladora.
Lo relevante, en cualquier caso, no es solo la medalla. Siderit lleva varias ediciones apareciendo en el palmarés internacional, lo que permite hablar ya de una línea de excelencia sostenida en el tiempo. Este nuevo reconocimiento refuerza la idea de regularidad y consistencia en la elaboración, dos valores especialmente significativos en el ámbito del whisky artesanal.
La noticia tiene además una lectura territorial evidente. Cantabria no solo entra en el mapa del whisky de alta gama, sino que empieza a consolidarse como un pequeño foco de producción artesanal de gran nivel, ampliando su discurso gastronómico más allá de la mesa.
En un momento en el que la identidad culinaria del territorio se proyecta también a través del vino, la cerveza o los destilados, este premio confirma que la comunidad es capaz de generar producto con prestigio internacional desde el origen, el oficio y el tiempo.
Cantabria, definitivamente, también habla ya el lenguaje del whisky.
