Santander acogió una jornada de reflexión y diálogo que reunió a cerca de una treintena de profesionales de la gastronomía, la agroalimentación, la comunicación y el emprendimiento para poner en valor el papel de las mujeres en un sector clave para la identidad y el desarrollo económico de Cantabria.

Más que un encuentro sobre cocina, GastroFéminas Santander propuso una mirada amplia a la alimentación como un ecosistema en el que conviven el sector primario, la industria agroalimentaria, la restauración, la comunicación, la formación y el emprendimiento. Una visión que permitió reunir en un mismo espacio a profesionales de perfiles muy diversos para compartir experiencias, generar diálogo y poner en valor el trabajo que sostiene la gastronomía cántabra.

La representación del sector fue especialmente amplia, con presencia de restaurantes, queserías, bodegas, conserveras, ganaderías, obradores, medios de comunicación, centros de formación y proyectos empresariales que reflejan la diversidad y la riqueza del ecosistema gastronómico de la comunidad. Una propuesta transversal que permitió entender la gastronomía como una cadena en la que cada eslabón aporta valor y resulta imprescindible.

La gastronomía como una cadena de valor compartida

La apertura corrió a cargo de Carolina Álvarez, chef de Flores Raras** (Valencia) y miembro del Grupo Quique Dacosta, quien dejó una de las reflexiones más inspiradoras de la jornada:

«Mi cocina es alimentar al cliente más que darle comida».

Una forma de entender la profesión que sitúa el bienestar, el producto y las personas en el centro de la experiencia gastronómica y que sirvió para introducir un debate sobre el valor de quienes hacen posible la alimentación desde ámbitos muy diferentes.

Esa visión se enriqueció posteriormente con la mesa dedicada al papel de las mujeres en la gastronomía actual, en la que participaron Elvira Abascal (El Nuevo Molino), Tamara Zubillaga (Mitami), Teresa Montelivo (Cañadío), Inma Solana (Solana*), Estela Ballester y Cristina Cruz (La Bicicleta*), representantes de la cocina, la sala, la formación y el emprendimiento que compartieron experiencias sobre liderazgo, conciliación y evolución del sector.

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Comunicar el territorio también es hacer gastronomía

La comunicación ocupó un lugar destacado dentro del programa con una mesa redonda en la que periodistas, responsables de comunicación y representantes del sector analizaron cómo contar el producto, el territorio y las personas que hay detrás de cada alimento.

Un debate que puso de manifiesto que la gastronomía no solo se cocina, sino que también se explica, se interpreta y se acerca al consumidor, contribuyendo a poner en valor el trabajo de agricultores, ganaderos, elaboradores y restauradores.

Del campo a la mesa: producir alimentos es producir cultura

Si la comunicación ayuda a explicar la gastronomía, el sector primario recuerda dónde comienza realmente todo.

Con esa perspectiva intervino María Montesino, socióloga, investigadora, docente y productora agroecológica, quien dejó una de las frases más significativas del encuentro:

«Un queso es un producto cultural igual que un libro. Producir alimentos es producir cultura».

Su reflexión enlazó con la mesa dedicada al sector agroalimentario, donde productoras, ganaderas, conserveras y bodegueras compartieron experiencias sobre liderazgo, innovación, sostenibilidad y relevo generacional.

Todas coincidieron en una realidad que sigue vigente: las mujeres han sostenido durante décadas buena parte del tejido agroalimentario desde posiciones con escasa visibilidad, pese a desempeñar un papel determinante en la economía y en la conservación del territorio.

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Emprender para fortalecer el territorio

El emprendimiento y los modelos de éxito completaron una jornada en la que empresarias procedentes de queserías, bodegas, obradores, chocolaterías y proyectos gastronómicos compartieron experiencias construidas sobre la innovación, la calidad y el arraigo al entorno.

Sus intervenciones demostraron que buena parte de la fortaleza de la gastronomía y la agroalimentación cántabras reside en pequeñas empresas capaces de transformar el producto local en valor añadido, dinamizar el medio rural y proyectar la identidad del territorio.

Una mirada compartida hacia el futuro

Más allá de las ponencias y mesas redondas, GastroFéminas Santander dejó una idea difícil de discutir: la gastronomía no se entiende únicamente desde la cocina, sino desde el trabajo conjunto de quienes producen, transforman, comunican, investigan y sirven los alimentos.

Un talento colectivo que convierte cada producto en una expresión de territorio, cultura e identidad y que encuentra en las mujeres uno de los principales motores del presente y del futuro de la gastronomía y la agroalimentación de Cantabria.