La historia de este bar–restaurante es también la historia de una familia y de un pueblo. Cuatro generaciones han dado forma a un proyecto que comenzó como establo, más tarde fue la tienda de la aldea y, desde 1974, se convirtió en el bar que conocemos hoy. Desde entonces, el negocio y la casa familiar caminan unidos, con las paredes impregnadas de sobremesas, partidas de cartas y conversaciones al calor de un vino.
Lo que empezó siendo un punto de encuentro para vecinos se ha transformado, con el paso de los años, en un espacio donde la cocina es el verdadero hilo conductor: recetas que beben de la tradición, producto local trabajado con mimo y una hospitalidad que sigue siendo la esencia de este lugar. Aquí, memoria y sabor van de la mano.
A pocos metros del Santuario de La Bien Aparecida, patrona de Cantabria, el Restaurante Solana* (1 Estrella Michelin y 2 Soles Repsol) se asienta en Ampuero como un verdadero destino gastronómico. Prados verdes, calma rural y una postal profundamente cántabra en la que el paisaje se cuela por los ventanales y marca el ritmo de la mesa. Aquí la experiencia comienza antes del primer pase, en la serenidad del entorno y en una hospitalidad cuidada que conserva intacto el pulso familiar del proyecto.
El espacio acompaña ese relato desde el primer momento: una entrada luminosa, cocina abierta y un equipamiento técnico impecable que evidencian una apuesta clara por la excelencia sin renunciar a la cercanía. Todo respira equilibrio entre profesionalidad y calidez, en un restaurante donde el entorno no es decorado, sino parte activa del discurso gastronómico.
Al frente está Nacho Solana, formando un tándem esencial con su hermana Inma, responsable de la sala y la bodega. Juntos sostienen una cocina contemporánea de raíces profundas, fiel al diálogo entre mar y montaña, sin estridencias ni gestos innecesarios. Hay técnica, sí, pero siempre subordinada al sabor, al territorio y a la memoria gastronómica, con una atención constante a la verdura de temporada —procedente tanto de su propio huerto como de los productores del Valle del Bajo Asón—. Desde el comedor, la postal se completa: verdes prados que se extienden hasta el horizonte y donde, mientras transcurre la comida, no es raro ver vacas pastando, recordando que aquí el paisaje también forma parte del relato.
Esa misma filosofía se traslada a Pico Velasco*, el otro proyecto del chef, ubicado en un entorno natural privilegiado entre prados y marismas. Un concepto más informal, pero coherente en fondo y forma, que mantiene intactos los principios que definen su cocina: respeto absoluto por el producto local y una lectura contemporánea de la tradición cántabra.
En Solana*, la carta mantiene vivos los grandes clásicos de la casa —como sus célebres croquetas de jamón, reconocidas como Mejores Croquetas del Mundo en Madrid Fusión, o los maganos de la bahía encebollados—, platos que funcionan como homenaje explícito a la madre del chef y a su legado culinario.
Los menús degustación —Breñas y Sotombo— funcionan como dos recorridos complementarios que permiten conocer el universo Solana* de principio a fin. Concebidos como narraciones paralelas, el primero propone una lectura más directa y sintética del estilo de Nacho Solana, mientras que el segundo, más extenso, invita a una inmersión profunda en su discurso culinario. En ambos, los pases se articulan como una interpretación del paisaje desde dentro, alternando mar, huerta y montaña con precisión técnica y una estética contemporánea que no renuncia a la calidez. Los inicios actúan como un prólogo sensorial: aperitivos de presentación cuidada, croquetas de jamón y buñuelos de maganos que apelan a la memoria, y bocados marinos como la ostra con jalapeño, planteada con una puesta en escena actual.
El menú largo avanza hacia elaboraciones de mayor complejidad y profundidad, con platos como la lubina con mantequilla marina y torrezno —un ejercicio preciso de equilibrio entre salinidad, grasa y matices herbáceos—, el lomo de vaca IGP con emulsión de su propio pasto, donde la proteína local alcanza una expresión gustativa notable, o un sorprendente cerdo celta que amplía el registro cárnico de la propuesta. Según la temporada, se incorporan pases como el revuelto invertido de boletus o el carico montañés, platos que anclan la experiencia al territorio y a sus ciclos naturales. El capítulo dulce mantiene el nivel: los quesos de Las Garmillas, trabajados en distintas texturas, actúan como un interludio vibrante, mientras que el chocolate, abordado desde la técnica, desemboca en unos petit fours servidos en torre, un cierre ligero, preciso y bien afinado.
Ambos menús comparten la mirada reconocible de Nacho Solana: producto cántabro, raíces revisadas y una cocina que avanza hacia la precisión sin renunciar a la emoción. Cada plato propone un diálogo entre memoria y contemporaneidad, despertando recuerdos y equilibrando tradición y creatividad en una propuesta cuidada al detalle, capaz de rescatar recetas de antaño y elevarlas con naturalidad al lenguaje de la alta cocina.
El recorrido por Solana* culmina con la misma atención al detalle que define toda la experiencia: una cocina renovada y plenamente equipada, un equipo de sala preciso y cercano, y una sucesión de pases que hablan con claridad de la madurez alcanzada por el proyecto. Desde la puesta en escena de los aperitivos hasta la elegancia de los postres y los petit fours, todo está medido para que el comensal perciba ese equilibrio sostenido entre técnica, territorio y sensibilidad contemporánea. La bodega acompaña con criterio y la sala sostiene el conjunto con un difícil pero logrado balance entre precisión y cercanía: un servicio que fluye, un ritmo bien calibrado y una sensación final poco frecuente… la de haber comido en un lugar donde el oficio se reconoce, pero no se exhibe.
Cada servicio confirma que Solana* no es solo un restaurante en el corazón de Cantabria, sino un espacio donde la tradición se afina, el producto se respeta y la gastronomía se convierte en una forma honesta y contemporánea de leer el paisaje que lo rodea.
FECHA VISITA: 07.12.2024 – 26.12.2025
Una cocina con nombre propio
Con la reciente incorporación de una segunda estrella Michelin para Pico Velasco*, Nacho Solana consolida una de las trayectorias más sólidas y coherentes de la alta cocina cántabra contemporánea. Al reconocimiento obtenido en Voto se suma el prestigio ya asentado de Solana*, su casa madre en Ampuero, configurando un doble proyecto que dialoga desde el territorio y el producto.
La distinción reconoce una cocina de raíz, profundamente vinculada al entorno, donde el producto local y de temporada marca el pulso de una propuesta sobria, técnica y muy personal. En ambas mesas, Ignacio Solana reafirma una manera de entender la gastronomía basada en el respeto al origen, la colaboración con productores cercanos y una lectura contemporánea de la tradición culinaria.
Esta nueva estrella no solo confirma una evolución sostenida en el tiempo, sino que refuerza el peso específico de la alta cocina cántabra en el panorama gastronómico nacional.
🗺️ La Bien Aparecida, 11
39849 Ampuero, Cantabria
☎️ 942 67 67 18
🌐 www.restaurantesolana.com
📸 @restaurante_solana
