LA CAPITANA
Este nombre distinguía a la nave comandante de una escuadra naval, la que enarbolaba las insignias del jefe de la misma y emitía las diferentes señales que los demás buques debían seguir, incluía la nave Almiranta, que cerraba la formación.
En el siglo XVII son reseñables dos grandes galeones conocidos propiamente como La Capitana, construidos a uno y otro lado de la mar Océano. Uno, famosísimo por el tesoro encontrado en su pecio, fue el Jesús María de la Limpia Concepción, también conocido como La Capitana de los Mares del Sur, hecho en los astilleros de Guayaquil (Ecuador) y que encalló en la costa de Chanduy, también en Ecuador, en 1654. El segundo era un navío llamado La Capitana Real, por arbolar las insignias reales, del que hacemos especial mención aquí, al haber sido construido en los astilleros de Colindres entre 1682 y 1687, año de su botadura, el galeón Nuestra Señora de la Concepción y de las Ánimas. Navío de tres cubiertas y 1.500 toneladas, completó su obra en Santoña, haciéndose a la mar en 1690 con destino al puerto de Cádiz, a fin de prestar servicio en las costas americanas hasta el año 1705, en que finalmente fue desguazado después de pasar diversas vicisitudes, debidas a su enorme tamaño, que lo hacía escasamente operativo. Existe un magnífico modelo de este galeón en el Museo Naval, de Madrid, obra del modelista guipuzcoano J.M. Perona, que siguió las ideas del vicealmirante y constructor naval Antonio de Gaztañeta (1656-1728), en su obra fundamental Arte de Fabricar Reales, de 1688.
En el corazón del paseo de Castelar, frente al puerto deportivo de Puertochico, La Capitana se presenta como una apuesta por la sobriedad y la cocina bien hecha. Una mesa serena con vistas privilegiadas, donde la cocina de mercado convierte al producto en protagonista absoluto. Sala luminosa, terraza bien situada y un servicio atento completan un marco pensado para quienes buscan calma y criterio.
En cocina manda la estacionalidad. El chef Ander San Martín (ex Zissou) despliega una carta breve que evoluciona según el mercado: platos que apuestan por la frescura y el sabor limpio. La flor de calabacín rellena de queso cremoso, los rebozuelos salteados, la gamba roja con tartar de papaya o el steak tartar con patatas paja son ejemplos de esa línea reconocible. No faltan guiños actuales —como el magret de pato con salsa de naranjas chinas— que aportan matices sin caer en excesos técnicos.
La bodega acompaña con una selección funcional, pensada para maridar sin robar protagonismo. Blancos frescos y tintos ligeros son aliados naturales de una carta que respira mar, pero se permite también concesiones carnívoras. El apartado dulce mantiene el nivel: el helado de queso sobre crema de frambuesas y almendra es un cierre elegante y coherente.
El ambiente, elegante y sobrio, favorece tanto la cena de pareja como la comida tranquila con amigos. Entre semana se ofrece un menú ejecutivo competitivo, mientras que el brunch de los domingos aporta un aire más distendido y se ha ganado un hueco entre los habituales de Santander.
Con un ritmo de sala correcto, La Capitana ha encontrado su estilo en la discreción, la honestidad y la confianza en el producto.
Una dirección con personalidad propia en Puertochico.
FECHA VISITA: 22.07.2023 – 30.03.2024 – 19.07.2025 – 27.09.2025
🗺️ Castelar, 5
39005 Santander, Cantabria
☎️ 942 22 39 75
🌐 www.lacapitanapuertochico.es
📸 @lacapitanapuertochico
