⚠️ Aviso editorial
El restaurante objeto de esta reseña ha cesado su actividad y actualmente no se encuentra abierto al público en esta ubicación. No obstante, mantenemos este contenido publicado como parte del archivo gastronómico de Habrá Que Comer, con el objetivo de documentar la evolución de la hostelería y preservar el recuerdo de proyectos que, en su momento, formaron parte de la oferta culinaria de Cantabria. La información aquí recogida corresponde al momento de la visita y puede no reflejar la situación actual del establecimiento.
En Santander, todavía sobreviven —y también siguen abriéndose— esos bares que no necesitan grandes gestos para construir personalidad. Casas pequeñas, cercanas, con alma de barrio, donde el saludo al entrar forma parte de la experiencia y donde la cocina se entiende desde la memoria doméstica, el producto reconocible y el oficio diario. Punto y Coma pertenece a esa estirpe cada vez más valiosa: la del bar de toda la vida reinterpretado desde la ilusión de un proyecto joven, familiar y profundamente honesto.
Ubicado en la calle Francisco Tomás y Valiente, Punto y Coma lleva poco más de un año abierto, tiempo suficiente para haber encontrado ya una identidad muy definida dentro del panorama hostelero santanderino. Al frente están Ana, responsable de cocina, y Marcos, al mando de la sala, en un proyecto que comparten también con Óscar. La implicación del equipo se percibe desde el primer momento, no solo en el trato cercano, sino en esa sensación de casa que acompaña toda la visita.
La propuesta responde con claridad a ese pequeño bar de barrio que tan bien funciona en Santander cuando se sostiene sobre la autenticidad. Desayunos tempranos, tortillas variadas, tostas, sándwiches, bocadillos y una carta breve de raciones articulan una oferta pensada para acompañar el ritmo diario del barrio, con vocación de fidelizar al cliente habitual y, al mismo tiempo, atraer a quien busca una cocina reconocible, casera y sin excesos. La gran pizarra central, visible desde la sala, refuerza además esa identidad de casa cercana y reconocible que forma parte del encanto del local.
Aquí la cocina mira directamente a la tradición doméstica. Hay una voluntad clara de recuperar esa comida que remite a la memoria familiar, a los sabores de casa y a una elaboración que no necesita grandes discursos para resultar apetecible. La carta es corta, pero precisamente ahí reside parte de su fortaleza: una selección manejable, coherente y elaborada íntegramente en casa, con especial atención al producto local y a esa “tierruca” que el propio proyecto reivindica como parte de su identidad.
Entre sus propuestas más reconocibles destacan los bocadillos, convertidos ya en uno de los grandes reclamos de la casa. La carta se mueve entre clásicos muy bien reconocibles, como el Don Lomo, con lomo, queso y pimientos, o el Don Pepito, con filete de ternera y pimientos, junto a opciones de perfil más actual como el Crunchy, elaborado con pollo empanado, lechuga, tomate y mayonesa. A ello se suman propuestas como el Quesero, con bacon y queso, que refuerzan esa lectura de bar de barrio donde el entrepanes sigue siendo uno de los grandes protagonistas. La oferta se completa con hamburguesas de la casa, desde la Picantona con jalapeños, aguacate, huevo y mayonesa hasta la versión de la casa, con huevo, queso, bacon y cebolla, además de unas patatas especiales que incorporan elaboraciones como pulled pork con mozzarella y cheddar o la cochinita con mayonesa de aguacate y cítricos.
Mención especial merece su apartado de rabas, uno de los productos que mejor explican la identidad gastronómica de Santander. Punto y Coma logró la tercera posición en el concurso “Las Mejores Rabas de Cantabria 2025”, un reconocimiento especialmente significativo por la dimensión simbólica que tiene este bocado en la cultura local. El certamen reunió a numerosos establecimientos de toda la comunidad y confirmó a la casa santanderina como una de las referencias emergentes en este terreno.
A esta proyección reciente se suma su participación en el III Campeonato de España de Bocatas, donde presentaron El Raquero, una propuesta muy vinculada a la identidad santanderina desde el propio nombre. Esa presencia en un campeonato nacional refuerza la lectura de Punto y Coma como un negocio que, sin renunciar a su esencia de bar de proximidad, busca también construir una personalidad propia dentro del panorama gastronómico local.
Lo más interesante del proyecto está en su equilibrio. Punto y Coma no pretende ser otra cosa que lo que es, y ahí reside buena parte de su valor: una casa joven con ambiente familiar, cocina reconocible, producto cercano y una hospitalidad que conecta con el modelo clásico del bar de barrio santanderino. En un momento en el que muchas aperturas buscan la novedad como argumento principal, aquí el discurso se sostiene desde la cercanía, la regularidad y el sabor de lo cotidiano.
Hay locales que se construyen desde la tendencia y otros que se ganan su espacio desde la confianza, la cercanía y la regularidad del día a día. Punto y Coma pertenece claramente a estos últimos.
FECHA VISITA: 08.04.2026
🗺️ Francisco Tomás y Valiente, 7C
39011 Santander, Cantabria
📱 642 03 48 14
📸 @puntoycomasantander
