La identidad de un restaurante no se mide únicamente por sus platos más conocidos, sino también por la capacidad de su carta para proponer recorridos diferentes sin perder coherencia. En La Mulata, una casa estrechamente asociada al marisco, los pescados y los arroces, basta con modificar la secuencia para descubrir otros matices de una cocina que continúa mirando al Cantábrico.
Situado en Puertochico, el restaurante forma parte del paisaje gastronómico de Santander desde 1998. Su propuesta se sostiene sobre una idea clara: producto de calidad, elaboraciones reconocibles y una intervención contenida que permite conservar el protagonismo de la materia prima.
El expositor de pescados y mariscos y el vivero visible anticipan buena parte de lo que después sucede alrededor de la mesa. La barra, los salones y la terraza de verano completan una casa de estética marinera en la que el Cantábrico no funciona como un recurso narrativo, sino como el origen natural de la propuesta.
El producto como punto de partida
La carta de La Mulata reúne entradas frías y calientes, mariscos sujetos a la temporada, pescados del día, arroces y algunas carnes. Junto a las elaboraciones más directas aparecen platos que han adquirido identidad propia dentro del restaurante, como los langostinos a «La Mulata» con espinacas.
Los arroces ocupan un lugar destacado, especialmente el arroz cremoso con bogavante, pero no constituyen la única manera de recorrer la propuesta. El mismo producto puede conducir hacia elaboraciones distintas, desde la frescura de un carpaccio hasta la intensidad de la plancha.
Esa amplitud permite construir una comida alejada de las elecciones más previsibles sin apartarse de la esencia marinera del restaurante.
Del carpaccio al bogavante a la plancha
El recorrido comienza con el carpaccio variado de gamba roja, salmón, lubina, bonito y pulpo. La combinación reúne cinco productos de perfiles diferentes en una entrada fresca y marina, articulada a partir de la sucesión de sabores y texturas.
Cada ingrediente conserva su identidad dentro del conjunto: la gamba roja aporta intensidad y untuosidad; el salmón, una mayor presencia grasa; la lubina y el bonito, dos expresiones distintas del pescado; y el pulpo, un contrapunto de textura más firme. El resultado resume buena parte de la filosofía de la casa: variedad de producto y una elaboración concebida para acompañarlo sin desdibujarlo.
Los langostinos a «La Mulata» con espinacas conducen la comida hacia un registro diferente. Se trata de una de las especialidades más reconocibles del restaurante y de un plato estrechamente vinculado a su recetario. La preparación resulta sabrosa y envolvente, con el marisco como protagonista y las espinacas integradas en una combinación que ha terminado convirtiéndose en una de las señas de identidad de la casa.
El bogavante a la plancha marca el centro del recorrido y ofrece una alternativa al habitual arroz con bogavante. La plancha sitúa el producto en primer plano, concentra su sabor y permite apreciar tanto la jugosidad de la carne como su textura.
Es una elaboración aparentemente sencilla que depende de dos factores esenciales: la calidad de la materia prima y el control preciso del punto de cocción. Sin acompañamientos destinados a competir con el crustáceo, el interés permanece en el producto y en la intensidad que adquiere con el contacto directo con la plancha.
Un cierre desde la repostería clásica
El apartado dulce mantiene el lenguaje tradicional de La Mulata con el biscuit helado de turrón e higos confitados acompañado de chocolate caliente.
El postre se construye sobre el contraste de temperaturas entre el helado y el chocolate, mientras los higos confitados aportan dulzor y textura. Es un cierre goloso y reconocible, coherente con una repostería de corte clásico que evita complejidades innecesarias.
Distintos caminos dentro de una misma casa
La Mulata mantiene su lugar entre los restaurantes de Santander donde el producto del mar continúa definiendo la propuesta. Su identidad no depende de una única especialidad, sino de una carta suficientemente amplia para permitir recorridos diferentes alrededor del pescado, el marisco y los arroces.
Comenzar con un carpaccio variado, continuar con una receta propia como los langostinos a «La Mulata», elegir el bogavante a la plancha en lugar de incorporarlo a un arroz y terminar con un postre clásico permite acercarse al restaurante desde otra perspectiva.
No se trata de alterar la esencia de una casa conocida, sino de comprobar que una identidad bien definida admite distintos caminos. La Mulata permanece fiel a su relación con el Cantábrico y sigue encontrando en su propia carta nuevas razones para regresar.
FECHA VISITA: 10.07.2026
🗺️ Tetuán, s/n
39004 Santander, Cantabria
☎️ 942 36 37 85
🌐 www.restaurantemulata.es
📸 @restaurantelamulata.santander
