“Llamamos “Mulata” en Santander, a una variedad de cangrejo negro y de forma cuadrada que gusta de vivir entre las rocas de los muelles y pantalanes, y en las bahías en general. Las mulatas son víctimas inexcusables de todos los críos que, en baja mar, se entretienen con su pesca. La mulata es uno de los pocos crustáceos que no se comen, y como homenaje a su entrañable recuerdo infantil, nuestro restaurante lleva su nombre”
La Mulata es una de esas casas que explican, mejor que cualquier discurso, qué significa sostener una cocina marinera con oficio, constancia y sentido del lugar. En pleno barrio de Puertochico, uno de los enclaves históricos del Santander marinero, este restaurante lleva más de dos décadas defendiendo el producto del Cantábrico desde una propuesta clara y reconocible. Su nombre no es un recurso literario ni una concesión estética: rinde homenaje al pequeño cangrejo negro —la “mulata”— que habita entre rocas, muelles y pantalanes de la bahía, y que simboliza ese vínculo directo y cotidiano con el mar.
El espacio acompaña con la lógica de un restaurante de mar bien asentado. Barra activa de tapas y raciones, expositor de pescados y mariscos y un vivero visible que refuerza el mensaje principal: aquí el producto manda. El local se completa con dos salones amplios y luminosos, una terraza disponible en temporada y una atmósfera sobria, funcional y sin distracciones, pensada para que el protagonismo esté en el plato.
La cocina parte de una premisa sencilla y firme: producto del día, respeto por la materia prima y una ejecución que busca realzar el sabor sin interferencias. Al frente del proyecto, los hermanos Paco y Pablo Bezanilla sostienen una carta donde el pescado fresco, el marisco de lonja y los arroces marineros marcan el ritmo. El recorrido se articula alrededor del género y del punto: carpaccios de gamba roja, salmón, lubina, bonito o pulpo; centollo cocido en temporada; cocochas al pil pil trabajadas con precisión; los ya clásicos langostinos a La Mulata, convertidos en seña de identidad; y arroces marineros —como el de calamares y almejas— que refuerzan el carácter atlántico de la casa. Para quienes buscan un registro más informal, las croquetas de ibérico funcionan como bocado reconocible y bien resuelto, especialmente en barra.
La bodega es amplia y de corte clásico, bien orientada a la cocina de mar. Blancos atlánticos, espumosos y tintos ligeros acompañan con acierto pescados, mariscos y arroces sin robar protagonismo. El servicio, experimentado y conocedor del producto, explica el pescado del día, orienta en la elección de la carta y mantiene el ritmo de mesa incluso en jornadas de alta afluencia, combinando cercanía y profesionalidad. A ello se suma una atención cuidada al cliente, con carta en braille y opciones sin gluten.
El final mantiene la coherencia del conjunto: postres caseros —flan, arroz con leche o helados, según el día— y una sobremesa sin prisas, como corresponde a una casa que entiende la experiencia desde la regularidad y no desde la sorpresa. La Mulata no necesita reinventarse porque hace tiempo que encontró su sitio: cocina marinera honesta, producto bien tratado y una constancia que se percibe tanto en la sala como en la cocina.
Una dirección segura en Santander para quienes buscan pescados y mariscos del Cantábrico bien ejecutados, tanto si conocen la ciudad como si se acercan a ella por primera vez. Cocina de mar sin disfraces, basada en el sabor reconocible, la técnica medida y el respeto absoluto por la materia prima.
FECHA VISITA: 23.09.2023 – 26.11.2023 – 27.01.2024 – 25.02.2024 – 14.06.2024 – 24.08.2024 – 06.12.2024 – 15.02.2025 – 27.04.2025 – 04.07.2025 – 24.08.2025 – 23.01.2026
🗺️ Tetuán, s/n
39004 Santander, Cantabria
☎️ 942 36 37 85
🌐 www.restaurantemulata.es
📸 @restaurantelamulata.santander
