En Puertochico, la casa de los hermanos Bezanilla reúne producto del mar, especialidades propias y una sala que participa en la elección. Una manera de entender el restaurante en la que cuentan tanto los platos como la relación construida alrededor de la mesa.
Una comida en La Mulata empieza a tomar forma ante el expositor. Mirar el género, preguntar qué pescado hay disponible y conversar sobre cómo prepararlo son parte de una elección que continúa después en la carta. Allí esperan también algunas especialidades cuyo recuerdo despierta el apetito antes de pedir.
En este restaurante de Santander, abierto en 1998 y dirigido por los hermanos Paco y Pablo Bezanilla, pescados, mariscos y arroces sostienen una cocina de marcado carácter marinero. Su personalidad se reconoce en la selección del producto, en las recetas que han adquirido nombre propio y en una atención que ayuda a disfrutar de ambas cosas.
El oficio de la sala, antes del primer plato
En una casa con esta oferta, elegir bien requiere información. Qué piezas hay disponibles, cómo pueden cocinarse o qué cantidad conviene pedir son cuestiones que influyen directamente en la comida. La carta ofrece un punto de partida; la conversación permite ajustarlo a cada mesa.
Manu, el jefe de sala, desempeña un papel destacado en ese momento. Su conocimiento del producto, la cercanía en el trato y las recomendaciones sobre preparaciones y cantidades acompañan la decisión. Preguntarle por el pescado y dejarse orientar forma parte del gusto de sentarse en La Mulata.
Ese trabajo merece atención porque sucede antes de que la cocina sirva el primer plato. Una recomendación útil ayuda a combinar entrantes, escoger una pieza o calcular cuánto pedir para compartir. Son decisiones concretas que contribuyen a que el conjunto funcione.
Con las visitas, además, el trato adquiere familiaridad. La confianza permite preguntar con comodidad y escuchar el consejo de quien conoce tanto el género como a quienes se sientan a la mesa.
Las especialidades que dan identidad a la carta
Junto a lo que propone el expositor están los platos que apetece volver a encontrar. Los langostinos a «La Mulata» con espinacas representan esa parte del restaurante: una elaboración vinculada a su nombre y a su manera de cocinar.
Su presencia recuerda la importancia del recetario en una casa marinera. La elección de la materia prima encuentra continuidad en las salsas, los acompañamientos y las preparaciones que permiten reconocer una cocina. Conservar esas especialidades mantiene un vínculo con quienes regresan buscándolas.
El carpaccio variado de gamba roja, salmón, lubina, bonito y pulpo ofrece otra expresión de la propuesta. Reúne cinco productos en una entrada de sabores y texturas diferentes, que invita a alternar bocados y apreciar los matices de cada uno.
El bogavante a la plancha concentra, en cambio, la atención en una sola pieza. Aquí importan especialmente la calidad del crustáceo y el cuidado de la cocción, con una preparación que deja su sabor en primer plano.
Carpaccio, langostinos y bogavante muestran cómo conviven en La Mulata la diversidad del producto, las recetas propias y las elaboraciones más sencillas. Esa convivencia permite componer la comida según el apetito y las preferencias de cada mesa.
Del queso al contraste del postre
El queso manchego prolonga la parte salada antes del biscuit helado de turrón e higos confitados con chocolate caliente. El postre mantiene el gusto por las combinaciones clásicas y encuentra su atractivo en el contraste de temperaturas, con el turrón y los higos como compañeros del chocolate.
Es un cierre acorde con una carta en la que las preparaciones conocidas conservan su espacio y siguen formando parte del placer de elegir.
Las razones para volver
El vínculo con un restaurante se construye a través de la continuidad del trabajo. Cuenta la especialidad que anima a reservar, pero también la orientación al pedir y la atención durante la comida. Son aspectos que se valoran juntos y que adquieren mayor importancia cuando una casa empieza a formar parte de los lugares habituales.
En La Mulata, cocina y sala sostienen esa relación. El expositor invita a preguntar, la carta guarda platos que apetece repetir y el consejo de Manu ayuda a decidir. Entre esos gestos se reconoce una forma cercana de disfrutar de la cocina marinera en Santander.
FECHA VISITA: 02.10.2026
🗺️ Tetuán, s/n
39004 Santander, Cantabria
☎️ 942 36 37 85
🌐 www.restaurantemulata.es
📸 @restaurantelamulata.santander
