En el contexto de Madrid Fusión, donde cada edición funciona como termómetro del momento gastronómico y escaparate de nuevas tendencias, hay participaciones que destacan más por el discurso que por el palmarés. La de Kevin Díaz, chef del restaurante Casa Lucita, fue una de ellas.

Aunque no logró alzarse con el premio en su categoría, su paso por el congreso dejó una impresión clara: la de un cocinero joven con una propuesta madura, articulada desde la identidad y el respeto al territorio. Kevin Díaz presentó una elaboración que hablaba de canariedad, de memoria pastoril y de cultura gastronómica, pero también de su presente profesional en Cantabria, donde desarrolla una cocina con mirada contemporánea y raíz bien anclada.

Bajo el nombre de Transhumancia, su propuesta tomaba como eje el Queso Flor de Guía, uno de los grandes símbolos del patrimonio quesero canario. A partir de la grasa extraída del propio queso, Díaz elaboró un hojaldre que se alejaba del canon clásico para construir una textura más elástica y matizada, con ligeros apuntes ácidos que reforzaban el carácter del conjunto.

En el interior, una crema de queso semicaliente aportaba profundidad y continuidad, rematada con una crema aromatizada con hierbas, mientras que el acompañamiento cárnico —cordero madurado y posteriormente ahumado— introducía una lectura más amplia del paisaje rural y del aprovechamiento tradicional. El cierre vegetal, con tomate canario deshidratado, reforzaba el vínculo con el origen y aportaba equilibrio al conjunto.

Detalle de la propuesta Transhumancia presentada por Kevin Díaz en Madrid Fusión 2026

Más allá del resultado del concurso, la presencia de Kevin Díaz en Madrid Fusión evidencia una línea de trabajo coherente y reconocible. Una cocina que no busca el impacto inmediato ni el artificio, sino la construcción paciente de un lenguaje propio, donde técnica, producto y memoria dialogan sin estridencias.

Su trayectoria actual se mueve entre dos territorios que en su cocina no compiten, sino que se complementan: Canarias como raíz emocional y cultural, Cantabria como espacio de crecimiento profesional. Ese cruce de caminos empieza a definir una identidad culinaria personal que, sin duda, merece seguimiento.

En un momento en el que la gastronomía joven tiende a la uniformidad, la propuesta de Kevin Díaz destaca por su honestidad y claridad de intención. No ganó en Madrid, pero dejó algo más duradero: la confirmación de que hay cocineros emergentes que entienden el oficio como una forma de relato, de territorio y de responsabilidad con lo que representan.