Eduardo Alemán, procedente profesionalmente de la sala, está hoy al frente de los fogones, mientras Erika Domínguez, con una trayectoria vinculada a la cocina, recibe a los comensales. Una nueva visita a Las Peñas permite descubrir cómo las raíces gallegas, el recetario cántabro y las nuevas influencias conviven en una propuesta que sigue evolucionando.
En la carta de Las Peñas, en Ampuero, aparecen dos apartados que ayudan a entender su propuesta gastronómica: «Los sabores que nos trajeron» y «Los que nos llevan». El primero remite a las recetas y referencias que forman parte de la trayectoria de sus responsables. El segundo abre espacio a otras elaboraciones, ingredientes y maneras de cocinar. Entre ambos se desarrolla buena parte de la personalidad de esta casa.
La historia profesional de Erika Domínguez y Eduardo Alemán tiene, además, una particularidad. Ella procede de la cocina y él desarrolló su carrera en la sala, pero en Las Peñas han intercambiado esas responsabilidades. Eduardo, conocido en las redes sociales también como Mi Alter Edu, se ocupa actualmente de los fogones, mientras Erika dirige la atención a los comensales. Ambos conocen, por tanto, el oficio desde los dos lados de la puerta que separa la cocina del comedor.
Desde que asumieron el restaurante en abril de 2022, han ido dando forma a un proyecto donde las raíces gallegas de Erika y la experiencia acumulada en Cantabria encuentran continuidad en una carta que no se limita a un único recetario. La trayectoria de Eduardo en establecimientos como el Cenador de Amós*** aporta también una perspectiva singular a esta etapa profesional, ahora centrada en cocinar.
La última visita permitió detenerse en esa convivencia entre lo conocido y las nuevas combinaciones. La carta ofrece desde merluza en salsa verde, rabas del Cantábrico o pimientos asados hasta propuestas como el gua bao de pulpo con emulsión de ajada gallega y los carabineros acompañados de fideuá negra. Recetas que responden a procedencias e influencias diferentes, pero que comparten mesa sin necesidad de establecer fronteras entre unas y otras.
Además de la carta, Las Peñas ofrece un menú especial y otro degustación. En esta ocasión, la elección fue compartir distintas elaboraciones, con una presencia significativa de productos de temporada que terminaron dando a la comida un marcado carácter otoñal.
Entre las raíces y la curiosidad
El aperitivo de la casa, una crema de calabaza con pan frito, jamón y canela, ofreció una primera combinación poco habitual. La especia introducía un matiz diferente en una preparación salada, mientras el pan y el jamón aportaban referencias mucho más familiares. Una manera de comenzar que anticipaba el interés por reunir ingredientes conocidos desde otra perspectiva.
Las croquetas de chuleta y de gambas al ajillo continuaron ese recorrido por sabores populares trasladados a un formato diferente. Dos rellenos que parten de preparaciones reconocibles y aprovechan la versatilidad de la croqueta para llevarlas a otro terreno.
Las setas de temporada con secreto ibérico y huevo poché llevaron la comida hacia los sabores propios del otoño. La combinación de los hongos con la carne y la untuosidad de la yema responde a una asociación de ingredientes bien conocida, donde el producto y la temporada tienen tanto protagonismo como la elaboración.
El plato más singular de la visita llegó con los carabineros acompañados de fideuá negra de su coral y huevo frito. Una propuesta en la que Eduardo reúne tres elementos de carácter muy diferente, aprovechando el sabor del marisco para establecer la relación entre ellos.
El coral encuentra continuidad en la fideuá, mientras el huevo frito incorpora una referencia doméstica que, sobre el papel, puede resultar inesperada. Es una combinación que refleja bien esa otra vertiente de la carta, donde las preparaciones tradicionales proporcionan recursos para explorar asociaciones menos habituales.
La elección de un Regina Viarum, vino de la Ribeira Sacra, añadió una referencia gallega al recorrido. Una procedencia que conecta con parte de la identidad gastronómica del restaurante y que acompañó una comida marcada por la convivencia entre el mar y la tierra.
A los postres, la tarta de calabaza y nueces recuperó el ingrediente del aperitivo. La calabaza aparecía así en dos momentos diferentes, primero en una preparación salada y después en una elaboración dulce. Una coincidencia que terminó dando cierta continuidad a una comida elegida libremente de la carta, sin responder a un menú previamente establecido.
La experiencia de conocer los dos lados del restaurante
La sala constituye otra parte importante de la personalidad de Las Peñas. Erika aporta a la atención del comedor una trayectoria desarrollada originalmente entre fogones, un conocimiento que permite acompañar las elecciones desde la familiaridad con las elaboraciones y los ingredientes.
Recibir, aconsejar y explicar una carta que combina propuestas tradicionales con otras menos habituales forma parte de un servicio donde la cercanía no está reñida con el oficio. La atención contribuye a que las distintas posibilidades del restaurante resulten accesibles, tanto para quienes prefieren recetas conocidas como para quienes buscan descubrir otras combinaciones.
El comedor, con sus ventanales abiertos hacia el río Vallino y situado frente a la iglesia de Santa María, ofrece un entorno tranquilo para disfrutar de la propuesta. Un espacio que conserva el carácter de una casa cercana, aunque la cocina haya ido ampliando sus registros.
Regresar a un restaurante permite observar cuestiones que no siempre se aprecian durante una primera visita. Los cambios en la carta, la incorporación de productos de temporada o la permanencia de determinadas recetas ayudan a entender cómo evoluciona una cocina. En Las Peñas, esa evolución se encuentra también ligada a la experiencia de dos profesionales que han desarrollado buena parte de sus trayectorias desde responsabilidades diferentes a las que ahora desempeñan.
Eduardo continúa explorando desde los fogones las posibilidades de un recetario que combina raíces e influencias, mientras Erika aporta a la sala su conocimiento de la cocina y una manera cercana de recibir. Entre ambos mantienen una propuesta que encuentra en lo aprendido una buena base para seguir avanzando.
Los sabores que los trajeron hasta aquí siguen presentes en Las Peñas. Los que los llevan hacia nuevas posibilidades ofrecen razones para volver.
FECHA VISITA: 10.10.2026
🗺️ Melchor Torio, 22
39840 Ampuero, Cantabria
☎️ 942 40 85 98
🌐 www.restobarlaspeñas.com
📸 @restaurantelaspenhas
