En Muriedas, donde la vida mantiene el ritmo pausado de los lugares con encanto, Casa Lucita encarna una forma de entender la cocina desde la calma y la precisión. El proyecto, nacido de la mano del chef gallego Cristian Periscal —alma también de El Baruco de Anero— junto a Julián Martínez Mera, refleja esa complicidad entre oficio y sensibilidad que define la nueva cocina cántabra.
En su interior, el minimalismo se combina con la calidez de una casa que invita a quedarse. Nada resulta impostado: la técnica se integra en un discurso sobrio, el producto se respeta y la emoción se percibe en los detalles. Casa Lucita no busca sorprender, sino perdurar; no pretende deslumbrar, sino emocionar con la naturalidad de quien sabe lo que hace.
En Muriedas (Camargo, Cantabria), hay casas que han dejado de ser una novedad para convertirse en referencia. Casa Lucita pertenece claramente a esa categoría. Lo que nació como una taberna contemporánea con personalidad propia es hoy una de las direcciones más sólidas del entorno de Santander, capaz de combinar cercanía, producto y una cocina con discurso.
El modelo de restaurante sigue perfectamente definido: sala viva, ambiente cercano, servicio ágil y esa sensación de lugar al que siempre apetece volver. Casa Lucita ha afinado su identidad sin perder frescura, moviéndose con naturalidad entre la cocina de mercado, el bocado reconocible y una propuesta con pulso creativo.
Buena parte de este momento lo explica el trabajo de Kevin Díaz, al frente de la cocina, junto al proyecto impulsado por Cristian Periscal (El Baruco de Anero) y Julián Martínez Mera. El chef majorero atraviesa una etapa especialmente sólida: tras proclamarse Mejor Cocinero de Cantabria 2025, ha logrado recientemente el tercer premio en el IV Máster Nacional de Pinchos Gourmets de Madrid con su creación “Pasiega”, un reconocimiento que confirma la proyección de la casa más allá del ámbito regional.
La propuesta se articula en platos pensados para compartir, una fórmula que permite construir la cena con libertad. La carta, breve y directa, refleja con claridad la intención de la casa: una cocina reconocible, bien ejecutada y en constante evolución.
En la carta brillan platos como el tartar de corvina en su aliño con maracuyá, la coliflor con curry de coco y mejillón o la albóndiga de costilla y chuleta de vaca: elaboraciones afinadas y sabrosas donde el sabor manda y la presentación acompaña. Hay guiños isleños, fondos trabajados y un respeto constante por el equilibrio.
En una propuesta breve pero precisa conviven clásicos de la casa, como las patatas con yema y panceta o las propias albóndigas de costilla y chuleta de vaca, con creaciones que se ajustan al pulso estacional y al mercado, como las manitas de cerdo con anguila y jalapeños o los guisantes con katsuobushi y panceta.
En otras cartas, esa misma línea ha evolucionado con pases como el taco de carne mechada, queso y chipotle, de perfil sabroso y bien equilibrado entre grasa, intensidad y punto ahumado, o el gofre con parmesano, cecina y albahaca, de marcado carácter umami y lectura informal. A partir de ahí, el pulpo con boniato, mojo y algodón de azúcar aporta un juego afinado entre raíz, dulzor y matices atlánticos, mientras que la patata con salsa picantona y alcaparras refuerza esa idea de cocina directa y desenfadada. El recorrido se completa con el chili crab con caldo y fideos, una elaboración de notable profundidad en la que el picante se integra con naturalidad en un fondo sabroso y bien construido, siempre con el sabor como eje y una ejecución precisa.
El apartado dulce acompaña con la misma personalidad, alternando propuestas más creativas con postres reconocibles. A elaboraciones como la panacota de maíz dulce con palomitas y sirope, el bizcocho de cerveza, la espuma de orujo, avellana y café o el expresivo “chocolate, chocolate, chocolate”, se suman clásicos bien resueltos como el banoffee, que prolongan la experiencia con coherencia y equilibrio hasta el final.
La cocina de Casa Lucita se mueve con naturalidad entre guiños a la taberna, técnica bien aplicada y una voluntad clara de no acomodarse. Cada plato responde a una idea concreta, sin excesos, con la técnica siempre al servicio del sabor y no al revés. No hay búsqueda de efectismo, sino una sensibilidad afinada por el equilibrio y el matiz, perceptible tanto en elaboraciones reconocibles como la ensaladilla o en lecturas personales de clásicos populares, como su gilda reinterpretada con atún marinado.
El formato de raciones invita al picoteo compartido sin perder pulso gastronómico, reforzando una propuesta pensada para disfrutar con libertad. La experiencia se completa con una bodega breve pero bien escogida, donde conviven referencias clásicas con alguna elección menos previsible, siempre bien integrada en el discurso de la casa.
En sala, el servicio es profesional, dinámico y cercano, en un ambiente de taberna contemporánea bien entendida, sin rigideces. Todo fluye con coherencia, contribuyendo a un conjunto bien ensamblado.
Casa Lucita trasciende la condición de restaurante para situarse como expresión de una generación que entiende la cocina como oficio, como lenguaje y como experiencia. La rotación de platos, los fuera de carta y el respeto al pulso estacional hacen que cada visita sea distinta, construyendo un relato en evolución.
Lo verdaderamente importante es que Casa Lucita sigue creciendo desde una identidad muy clara: cocina con personalidad, lectura contemporánea del producto y una ambición bien entendida. Hoy ya no es solo una dirección recomendable en Camargo, sino una de las mesas que mejor explican el momento que atraviesa la nueva gastronomía cántabra.
FECHA VISITA: 25.08.2024 – 22.09.2024 – 05.12.2024 – 14.02.2025 – 22.05.2025 – 29.06.2025 – 11.09.2025 – 18.12.2025 – 16.04.2026
🗺️ Juan Palencia, 4 – Bajo
39600 Muriedas. Camargo, Cantabria
📱 623 93 65 00
🌐 www.casalucita.com
📸 @casalucitamuriedas
