Hay calles que, casi sin proponérselo, terminan convirtiéndose en pequeños corredores gastronómicos. En Santander, la calle Bonifaz es una de ellas: una vía discreta del centro donde conviven varios restaurantes de tamaño contenido, proyectos personales que han ido construyendo con el tiempo una escena culinaria cercana y con carácter.
En ese entorno se encuentra Daria, un restaurante que desde su apertura en 2018 ha sabido hacerse un hueco propio. Su propuesta se mueve entre la cocina de temporada, el respeto por el producto y una mirada abierta a sabores de otras latitudes, siempre desde el equilibrio.
Lejos de las modas pasajeras, aquí la fusión aparece como una forma natural de cocinar: técnica precisa, platos bien construidos y una creatividad medida que busca sumar matices sin perder la esencia del sabor. Una cocina que dialoga con el mundo sin dejar de mirar al territorio.
Daria es uno de esos proyectos que han sabido consolidar una identidad clara en pleno centro de Santander. Desde su apertura en 2018 en la calle Bonifaz, el restaurante dirigido por Nacho del Corral mantiene un discurso reconocible basado en una cocina de temporada, técnica precisa y una fusión entendida desde el equilibrio. La propuesta se apoya siempre en el producto y en el sabor como ejes centrales, evitando excesos conceptuales y apostando por una creatividad medida.
El local, de dimensiones contenidas y con capacidad para poco más de una veintena de comensales, refuerza esa idea de cocina cercana y personal. La sala mantiene un ambiente íntimo, con un servicio ágil y atento que permite seguir el ritmo natural del pase. Es un espacio pensado para disfrutar con calma de una carta dinámica —que cambia con las temporadas— donde cada incorporación responde a una lógica gastronómica clara.
Al frente de la cocina se encuentra Nacho del Corral, cocinero que ha ido afinando una propuesta personal con el paso del tiempo. Su trabajo se caracteriza por una construcción clara de los platos, donde el producto es siempre protagonista y la creatividad aparece en su justa medida. Cada elaboración mantiene una coherencia técnica y gastronómica que refuerza la personalidad del restaurante.
La carta de Daria combina elaboraciones de fondo tradicional con platos de lectura contemporánea donde aparecen guiños a distintas cocinas del mundo. No se trata de una fusión forzada, sino de un diálogo natural entre técnicas, ingredientes y memorias culinarias que se integran con sentido. En esa línea aparecen reinterpretaciones de bocados populares y propuestas donde el producto marino o la despensa local encuentran nuevas lecturas.
Entre los platos que han marcado el estilo del restaurante destaca su particular versión del serranito, reinterpretado en pan brioche con presa ibérica de bellota cortada fina, pimiento, papada y mayonesa casera. El resultado es un bocado jugoso y contundente que resume bien la filosofía del restaurante: producto cuidado, técnica medida y un punto creativo que no desvirtúa la esencia original.
También sobresalen elaboraciones como la focaccia de colas de santiaguiño al ajillo, construida sobre una base alargada y delicada donde el crustáceo se acompaña de emulsiones ligeras de ajillo con guindilla y perejil que aportan frescura y profundidad de sabor.
La carta incorpora además platos que reflejan el carácter mestizo de la cocina de Daria. Es el caso de los mejillones gallegos en aguachile de ají amarillo, donde el producto atlántico dialoga con la acidez y el picante propios de la cocina mexicana; del huevo frito crujiente, cocinado a baja temperatura y empanado en panko, servido con parmentier trufada y duxelles de champiñón; o de las gyozas mexicanas de camarón, salteadas en salsa “bloody mary” y acompañadas de guacamole casero.
En esa misma línea aparecen platos como el uramaki de mar y montaña, que combina gamba crujiente con roast beef a la brasa, o el tonkatsu de vieira acompañado de salsa moqueca y vinagreta de rocoto, elaboraciones que reflejan bien la personalidad del restaurante, donde conviven referencias asiáticas y latinoamericanas con producto cercano.
En distintas etapas de la carta también han aparecido platos como el arroz seco de costilla ibérica, presentado con un punto preciso de socarrat, grano suelto y profundo sabor cárnico reforzado por pequeñas emulsiones de ajo asado que redondean el conjunto. No faltan tampoco bocados con guiños más tradicionales, como las croquetas picantonas de chorizo de pueblo curado o los torreznos coreanos acompañados de salsa de yogur, eneldo y lima.
Ese mestizaje gastronómico se apoya en una base técnica sólida: fondos trabajados, equilibrio entre grasa y acidez, emulsiones bien integradas y una construcción de platos donde cada ingrediente cumple una función concreta. La cocina busca profundidad de sabor y claridad en la ejecución, reforzando una línea reconocible que ha ido madurando con el paso del tiempo.
La experiencia se completa con una pequeña carta de postres donde conviven recetas clásicas bien ejecutadas con combinaciones más contemporáneas. Aparecen elaboraciones como el tiramisú tradicional, la tarta tatin de manzana acompañada de helado de nata, el flan cremoso con jugo de maracuyá o un timbal de chocolates y avellana que refuerza el perfil goloso de la casa. También hay propuestas más frescas, como los profiteroles crujientes de limón, pistacho y chocolate blanco o los frutos rojos con bizcocho y yogur, que aportan un cierre equilibrado al menú.
Con una bodega que ronda el medio centenar de referencias y una cocina que combina producto, técnica y una mirada abierta al mundo, Daria se ha consolidado como una dirección fiable para quienes buscan en Santander una cocina actual y sabrosa. Un restaurante de escala íntima donde la fusión no responde a una moda, sino a una manera personal de entender la gastronomía.
FECHA VISITA: 21.01.2023 – 26.08.2023 – 16.03.2024 – 21.06.2024 – 31.01.2025 – 27.02.2026
🗺️ Bonifaz, 19
39003 Santander, Cantabria
☎️ 942 550 787
🌐 www.daria.es
📸 @dariasantander
