En Santander hay restaurantes que funcionan desde la tendencia y otros que simplemente entienden bien cómo quiere comer la gente. El Gallinero pertenece a esta segunda categoría. Una casa donde el ambiente, el ritmo de sala y una cocina reconocible terminan construyendo algo cada vez más difícil de encontrar: un sitio al que apetece volver.
Ubicado en la calle Tetuán, una de las arterias hosteleras más vivas de la capital cántabra, el restaurante ha convertido el pollo en el auténtico eje de identidad de la casa. Un producto popular, cotidiano y profundamente ligado a la cocina informal, reinterpretado aquí desde una mirada contemporánea abierta a sabores y referencias internacionales, con elaboraciones pensadas para compartir y disfrutar sin excesos ni complicaciones innecesarias.
Detrás del proyecto aparecen los hermanos Bezanilla, también vinculados a La Mulata, en un local donde la barra mantiene movimiento constante, las mesas mantienen movimiento constante y la terraza prolonga buena parte de la vida del restaurante durante gran parte del año. Hay ambiente de barrio, ritmo constante y esa sensación, cada vez menos frecuente, de restaurante pensado para un público amplio sin necesidad de convertir la experiencia en algo forzado.
Aunque la carta mezcla pizzas, hamburguesas, tacos crujientes o distintos guiños a la cocina mexicana y americana, el verdadero hilo conductor sigue siendo el pollo asado, convertido ya en una de las señas de identidad del establecimiento.
Precisamente alrededor de esa idea se desarrolló recientemente la segunda edición del “Festival del Pollo”, una iniciativa con la que la casa exploró distintas formas de interpretar el pollo desde referencias internacionales y una cocina pensada para compartir. El menú permitía recorrer elaboraciones como la ensalada de pollo crujiente con cebolla caramelizada y vinagreta de miel y mostaza, la empanadilla de pollo al cajún o las albóndigas de pollo al curry acompañadas de arroz blanco, tres propuestas donde el producto se movía entre registros frescos, especiados y sabores más intensos de inspiración internacional.
La parte más contundente del menú llegaba con las brochetas al kimchi con crujiente de arroz, el pollo asado con patatas rústicas y los jamoncitos al yakiniku con patatas paja, construyendo un recorrido donde convivían influencias asiáticas, americanas y mediterráneas sin perder nunca el carácter reconocible de cocina popular contemporánea que definía al conjunto. El cierre dulce aparecía con un brownie de chocolate acompañado de helado.
Más allá de la variedad, el menú funciona por coherencia. Las influencias asiáticas, americanas y mediterráneas conviven sin perder nunca ese carácter reconocible de cocina popular contemporánea que define al conjunto. Aquí no se busca sofisticar el producto, sino hacerlo apetecible, directo y disfrutable.
Y quizá por eso El Gallinero funciona. Porque detrás del ambiente, del ritmo y de la cocina, sigue existiendo algo fundamental: la sensación de estar en un restaurante que entiende perfectamente cuál es su papel dentro de la ciudad.
FECHA VISITA: 23.02.2024 – 10.05.2026
🗺️ Calle Tetuán, 37
39004 Santander, Cantabria
☎️ 942 13 60 78
📸 @elgallinerosantander
