Hay lugares que parecen quedarse a vivir en la memoria de un barrio, incluso cuando todo a su alrededor cambia. En Maliaño, muy cerca del vaivén de la bahía, Hoyuela 1955 conserva aún el eco de aquellos días en que el vermut marcaba el ritmo de las tardes y las conversaciones se enredaban sin prisa en una barra que lo había visto todo, paciente testigo de generaciones que hicieron de este rincón parte de su vida cotidiana.

Hoy, esa misma barra vuelve a encenderse con una luz distinta, más abierta y consciente de su propio pasado. Aquí se cocina desde la memoria: una cocina que nace en el punto donde el Pacífico se abraza con el Atlántico, donde Perú y España dialogan sin prisa. En ese cruce conviven los sabores que los incas ofrecían a la Pachamama, la herencia del virreinato llegada con el viejo mundo, las manos africanas que dejaron raíz, la tinta y el fuego del chifa, la precisión nikkei y el gesto italiano que transformó los cereales andinos en risottos de nueva identidad.

De ese mestizaje nace la casa actual. Desde el respeto a la tradición, Hoyuela 1955 se permite cuestionarla y construir una cocina que honra a sus ancestros, pero se atreve a desobedecerlos; que bebe de la historia sin quedar encadenada a ella; que entiende la gastronomía como un relato vivo, capaz de explicar quiénes fuimos y quiénes queremos ser. En ese cruce de memoria y esperanza late la nueva vida de Hoyuela 1955: un refugio donde siempre apetece volver y donde el pasado, lejos de desvanecerse, encuentra una forma renovada de seguir perteneciendo al barrio.

A un paso de la bahía y del ritmo cotidiano de Maliaño (Camargo, Cantabria), Hoyuela 1955 representa la evolución natural de un bar de toda la vida que ha sabido renovarse sin renunciar a su identidad. Abierto en los años cincuenta como parada habitual para el vermut, mantiene intacto ese carácter cercano, aunque ahora reforzado por una puesta al día que aporta luz, confort y un aire de vermutería contemporánea. El hilo de la memoria permanece, pero la propuesta culinaria ha ganado profundidad y ambición.

Barra de la Vermutería Hoyuela 1955 en Maliaño (Camargo, Cantabria)
Comedor de la Vermutería Hoyuela 1955 en Maliaño (Camargo, Cantabria)

Las trayectorias de César Villacorta y John Alexander Condezo se entrelazan en este proyecto que emprendieron, uniendo formación, oficio y una visión común de lo que significa construir una casa desde la autenticidad. Ambos nacieron en Perú y llegaron a Cantabria muy jóvenes —Villacorta con 16 años, Condezo con 18— encontrando aquí el lugar donde formarse y crecer profesionalmente. Pasaron por la Escuela de Hostelería de PeñaCastillo y por distintos restaurantes de referencia en la región antes de que sus caminos se cruzaran de nuevo en el propio Hoyuela, que entonces seguía siendo un clásico del barrio. Villacorta desarrolló parte esencial de su carrera en cocinas de referencia, con una etapa determinante en el Cenador de Amos*** que marcó su manera de entender la técnica y el producto. Con el paso por otros restaurantes de la región fue dando forma a un estilo personal donde convergen la memoria limeña, el rigor aprendido en la alta cocina cántabra y el respeto por una despensa que hoy conoce a fondo, siempre con la convicción de no olvidar de dónde vienen ni qué les trajo hasta aquí.

La sala, lejos de ser un simple acompañamiento, es una de las claves de la experiencia. John Alexander Condezo aporta un papel estructural: es el hilo visible que sostiene el ritmo del servicio, la voz que explica cada plato, el gesto que equilibra cercanía y profesionalidad. Su trayectoria en la hostelería cántabra —ligada también a equipos de alta exigencia— se ha ido moldeando desde su paso inicial por la Escuela de PeñaCastillo hasta su trabajo continuado en distintos establecimientos donde aprendió a interpretar la sala como un espacio vivo. Hoy, en Hoyuela 1955, esa evolución se traduce en un servicio preciso, cálido y bien acompasado, capaz de ordenar la energía del bar y de transmitir la intención gastronómica del proyecto. En Hoyuela 1955, la propuesta se percibe completa porque cocina y sala caminan en la misma dirección.

La carta refleja con claridad ese diálogo gastronómico entre dos miradas que se entienden. En cocina, la propuesta se articula desde una fusión medida entre producto cántabro y raíz peruana, integrada con naturalidad y sin gestos forzados. Platos de lectura clara, fondo trabajado y puntos bien controlados: entrantes que despiertan apetito y curiosidad, como las vieiras con leche de tigre condensada o el sugerente “cuba libre” de foie; elaboraciones donde el Cantábrico se cruza con el Pacífico, como un atún con ají de gallina bien equilibrado; y platos de cocina lenta y alma mestiza, con sabores hondos y bien ensamblados, como el cordero a la norteña acompañado de frejol canario y salsa de ajíes, o las carrilleras ibéricas con ají panca, camote y huacatay. Son propuestas construidas desde el fondo, con técnica al servicio del conjunto y una fusión discreta que se entiende más desde la biografía y el recorrido de quienes cocinan que desde cualquier voluntad de tendencia.

Vieira bretona y leche de tigre condensada de la Vermutería Hoyuela 1955 en Maliaño (Camargo, Cantabria)
Cuba libre de foie de la Vermutería Hoyuela 1955 en Maliaño (Camargo, Cantabria)
Min Pau de txangurro y tamarindo chifa de Hoyuela 1955 en Maliaño (Camargo, Cantabria)
Souflé de maíz y steak tartar de Hoyuela 1955 en Maliaño (Camargo, Cantabria)
Parihuela nikkei de cangrejo blando y pan chino frito de Hoyuela 1955 en Maliaño (Camargo, Cantabria)
Atún y ají de gallina de la Vermutería Hoyuela 1955 en Maliaño (Camargo, Cantabria)

La presencia de Condezo en sala completa el discurso gastronómico, permitiendo que esa lectura llegue al comensal con claridad. Su papel dota al conjunto de coherencia y profundidad, explicando el porqué de cada cruce cultural y reforzando una experiencia que trasciende lo puramente técnico para situarse en el terreno de la identidad y el relato compartido.

Corderillo a la norteña, frejol canario y salsa de ajíes de la Vermutería Hoyuela 1955 en Maliaño (Camargo, Cantabria)
Carrillera ibérica, ají panca, camote y huacatay de Hoyuela 1955 en Maliaño (Camargo, Cantabria)

Los postres funcionan como un ejercicio de memoria en diálogo entre Lima y Santander, entre la infancia y la casa. Elaboraciones como el ceviche de mango y coco o el suspiro a la limeña cierran la experiencia con sabores reconocibles y referencias bien integradas, construyendo un final que conecta con la emoción y el recuerdo sin romper la coherencia del conjunto.

Ese tramo dulce acompaña con naturalidad el discurso gastronómico de la casa, prolongando el relato hasta el último bocado y reforzando una sensación de propuesta bien pensada, donde tradición y actualización dialogan con equilibrio incluso en el cierre.

Suspiro a la limeña de la Vermutería Hoyuela 1955 en Maliaño (Camargo, Cantabria)
Ceviche de mango y coco a de la Vermutería Hoyuela 1955 en Maliaño (Camargo, Cantabria)

La barra continúa siendo el núcleo del local y preserva la esencia que siempre definió a la casa. El vermut de solera, ligado a Hoyuela 1955 desde sus orígenes, convive con una selección cuidada de vinos que permite transitar con comodidad del aperitivo al picoteo largo o a una comida completa, manteniendo ese espíritu de continuidad que define al proyecto.

Hoyuela 1955 se ha convertido en uno de los espacios gastronómicos más personales de Maliaño. Un lugar donde el bar tradicional recupera su valor social y, al mismo tiempo, se abre a una lectura contemporánea de las identidades peruana y cántabra. Un proyecto que entiende la cocina y la sala como dos lenguajes complementarios y donde la fusión nace del relato vital de sus responsables, no de una búsqueda de moda. Un clásico renovado que apunta a consolidarse como una dirección imprescindible en la zona.

FECHA VISITA: 05.12.2025 – 16.01.2026

Hoyuela 1955
🗺️ Avenida de Cantabria, 2
39600 Maliaño. Camargo, Cantabria
📱 +34 623 15 54 47
📸 @hoyuela1955

HOYUELA 1955

Maliaño. Camargo, Cantabria