El documental dirigido por Maite Vitoria Daneris recupera la historia de cientos de familias de los Valles Pasiegos que emigraron a Francia y convirtieron la elaboración y venta de helados en un legado que todavía perdura. Su estreno mundial tendrá lugar en septiembre en el Festival de Cine de Santander antes de proyectarse en San Sebastián.

La historia gastronómica de Cantabria también se escribió lejos de sus límites. Desde comienzos del siglo XX, cientos de familias abandonaron los Valles Pasiegos para buscar un futuro en Francia. Muchas encontraron en la elaboración y venta de helados un oficio que, con el paso del tiempo, se convirtió en actividad empresarial, vínculo familiar y legado compartido a ambos lados de los Pirineos.

Esa memoria casi desconocida constituye el eje de ‘La patria de los heladeros’, el nuevo largometraje documental de Maite Vitoria Daneris. La película tendrá su estreno mundial en la décima edición del Festival de Cine de Santander, que se celebrará del 11 al 17 de septiembre, y competirá dentro de la sección Oficial Cantabria Infinita.

Después de su presentación ante el público cántabro, continuará su recorrido en el Festival de Cine de San Sebastián, previsto del 18 al 26 de septiembre, donde formará parte de la sección Made in Spain.

De los Valles Pasiegos a las heladerías francesas

‘La patria de los heladeros’ es un documental creativo de 92 minutos que reconstruye una historia de emigración, trabajo y transmisión familiar. Su punto de partida se encuentra en los Valles Pasiegos, una comarca en la que la vida cotidiana estuvo durante generaciones estrechamente ligada a la ganadería y a la leche.

Desde este territorio salieron miles de hombres y mujeres en busca de oportunidades. En Francia, una parte importante de aquella comunidad pasiega encontró su sustento en el mundo del helado y aprendió a transformar un trabajo inicialmente estacional y ambulante en una actividad capaz de sostener a familias enteras.

Algunas de aquellas iniciativas crecieron hasta convertirse en importantes empresas e incluso llegaron a vincular sus nombres con el patrocinio del Tour de Francia. Otras mantuvieron una dimensión más modesta, pero permitieron mejorar las condiciones de vida de las siguientes generaciones y asentaron un oficio transmitido de padres a hijos.

Durante los meses de verano, muchos pasiegos recorrían las playas de España y Francia vendiendo helados. En invierno, la actividad se completaba con la venta de barquillos, castañas asadas y otros trabajos temporales. La gastronomía se convirtió así en una herramienta de supervivencia y progreso, pero también en una forma de conservar el vínculo con el lugar de origen.

El helado terminó siendo mucho más que un producto. Alrededor de su elaboración y comercialización surgió una comunidad con códigos propios, historias familiares y una memoria colectiva que todavía permanece viva en Cantabria y Francia.

Vehículo de helados Glaces Ruiz atendiendo a clientes en una plaza francesa

Una historia descubierta por azar

El origen de la película se encuentra en un encuentro fortuito. Maite Vitoria Daneris conoció durante un viaje a Xavier, descendiente de una de aquellas familias, y descubrió a través de él la dimensión de la emigración pasiega vinculada al helado francés.

Aquel primer contacto abrió una investigación que acabaría prolongándose durante tres años. La directora emprendió un recorrido por la memoria de las familias, sus desplazamientos, sus negocios y las relaciones mantenidas con Cantabria a lo largo de varias generaciones.

El proceso de producción se desarrolló entre España y Francia y estuvo condicionado por la búsqueda de financiación y por la necesidad de recoger cuanto antes el testimonio de algunos de sus protagonistas, muchos de ellos de edad avanzada. Preservar esas voces resultaba fundamental para evitar que desapareciera una parte de la historia de los Valles Pasiegos que apenas había sido documentada.

Testimonios familiares, fotografías, imágenes de archivo y recuerdos personales permiten reconstruir el camino seguido por quienes dejaron atrás el valle para iniciar una vida incierta. El relato culmina con el regreso a Cantabria de cientos de descendientes y con el encuentro de familias de heladeros que compartían un mismo origen, aunque sus trayectorias se hubieran desarrollado durante décadas en lugares diferentes.

Las familias, parte esencial del documental

La participación de las propias familias ha resultado decisiva en todas las fases de ‘La patria de los heladeros’. Tanto los descendientes residentes en Francia como quienes continúan viviendo en Cantabria colaboraron en la investigación, el desarrollo, la producción y el rodaje.

Sus archivos particulares, recuerdos y testimonios aportaron materiales difíciles de obtener por otras vías y ayudaron a construir el relato desde dentro. No se limitaron a aparecer ante la cámara, sino que realizaron contribuciones importantes al propio proceso creativo.

El resultado es un retrato colectivo en el que las experiencias personales permiten explicar un fenómeno migratorio más amplio y mostrar cómo un oficio artesanal acabó generando un patrimonio inmaterial de raíz gastronómica ligado a la identidad pasiega.

El documental reconoce la capacidad de aquellos emigrantes para adaptarse, emprender y crear nuevas formas de vida sin romper completamente los lazos con Cantabria. El helado funciona como hilo conductor de una historia en la que se cruzan territorio, alimentación, memoria, familia e identidad.

Un estreno con especial significado en Cantabria

Santander y los Valles Pasiegos han acompañado el crecimiento del proyecto desde sus primeras etapas. Riolangos, en Vega de Pas, fue uno de los principales escenarios del rodaje y un lugar especialmente importante durante el desarrollo de la película. Allí se concentraron también muchas de las alegrías, incertidumbres y dificultades que acompañaron su producción.

Por esa relación con el territorio, la directora consideraba esencial que los primeros espectadores fueran los cántabros y, de manera especial, los pasiegos. El estreno mundial en Santander devuelve simbólicamente la historia al lugar desde el que partieron sus protagonistas antes de presentarla ante otros públicos.

La película competirá en Cantabria Infinita, sección del Festival de Cine de Santander dedicada a largometrajes de ficción y documentales realizados o producidos por cineastas cántabros o estrechamente vinculados con la comunidad autónoma.

Su posterior incorporación a Made in Spain ampliará la difusión de una historia local que posee también una dimensión europea. La emigración, la búsqueda de oportunidades y la creación de un oficio lejos de casa sitúan la experiencia de los heladeros pasiegos dentro de una memoria compartida por muchas familias españolas.

Producción y apoyos

‘La patria de los heladeros’ ha sido producida por Helecho Films y ha contado con el respaldo de la Sociedad Regional de Cultura y Deporte del Gobierno de Cantabria mediante sus ayudas a la producción audiovisual de 2023.

Korosti Inversores SL es el patrocinador principal del proyecto. También han colaborado los ayuntamientos de Puente Viesgo, Piélagos y Luena, además de la empresa cántabra Barquillos Tanis, con sede en Iruz y estrechamente relacionada con la fabricación de productos destinados al consumo de helados.

El documental recupera un episodio poco conocido del patrimonio cántabro. Una historia construida alrededor de la leche, el helado y los barquillos, pero también del trabajo, la movilidad y la capacidad de varias generaciones para crear oportunidades lejos de su tierra.

La trayectoria de Maite Vitoria Daneris

Maite Vitoria Daneris ha desarrollado su carrera profesional entre Italia, Francia y España. Su primer largometraje documental, ‘El lugar de las fresas’, se estrenó en el Festival de Cine de Turín en 2013 e inició después un recorrido internacional por festivales franceses y españoles.

La película llegó, a través del Instituto Cervantes, a más de veinte ciudades de diferentes países y fue incluida entre las cien obras seleccionadas para el primer Documento Marco de Cine y Educación impulsado por la Academia de Cine de España.

Entre sus trabajos posteriores se encuentra ‘La memoria de los árboles’, seleccionado para el Programa de Residencias de la Academia de Cine, y ‘Los chicos del Goya’, dedicado a una experiencia pionera de educación desarrollada en España durante la década de 1980.

‘La patria de los heladeros’ es su segundo largometraje documental y supone la culminación de tres años de trabajo para rescatar una parte singular de la memoria gastronómica y migratoria de Cantabria.

La décima edición del Festival de Cine de Santander está organizada por Morena Films y el Centro Botín, bajo la dirección de Júlia Olmo. Entre el 11 y el 17 de septiembre, el certamen volverá a reunir en la ciudad producciones nacionales e internacionales, con un espacio específico para las historias y los cineastas vinculados a Cantabria.