La industria conservera cántabra suma este año un capítulo destacado: El Consorcio, una de las firmas más reconocibles del sector, cumple 75 años de actividad desde que iniciara su camino en Santoña a mediados del siglo XX. Tres cuartos de siglo después, sigue siendo un nombre ligado al trabajo artesanal de las anchoas, a la tradición salazonera y a la expansión internacional de un producto que ha marcado la gastronomía regional.
Un legado que comenzó en Santoña
Los orígenes de la empresa se remontan a la llegada del emprendedor genovés Giacomo Croce, quien viajó a Cantabria para explorar la pujante industria conservera. Aquel viaje marcaría la fundación de dos sociedades —Excavaciones Sanitarias y Sociedad Anónima Ligur de Astur— que terminaron desembocando en la creación del actual Grupo Consorcio. Su visión fue clara desde el principio: combinar la técnica tradicional de los salatori italianos con el conocimiento local para elaborar conservas de calidad excepcional.
Desde entonces, la compañía ha ido modelando su identidad alrededor de una premisa: respetar la técnica artesanal del sobado a mano. A pesar de su crecimiento —hoy alcanza cerca de 900 trabajadores distribuidos entre Cantabria, Italia y otros enclaves estratégicos—, la esencia sigue intacta: filetear, limpiar y preparar cada anchoa a mano, una a una, tal como se hacía en los años 50.
Un crecimiento marcado por la innovación y la exportación
A lo largo de estas décadas, El Consorcio ha convertido la experiencia local en una marca reconocida en todo el mundo. Italia fue uno de sus primeros mercados fuertes, como recuerdan las antiguas imágenes de tranvías milaneses con publicidad de la firma. Años después, las conservas de Santoña recorrerían Europa, América y Asia con la misma promesa: producto cuidado, técnica depurada y origen claro.
La fábrica histórica, ubicada en Santoña, simboliza esa evolución. Desde su nave industrial, que aún se reconoce en fotografías en blanco y negro, salieron generaciones enteras de trabajadores que consolidaron un oficio transmitido entre familias: limpiar, salar, prensar y transformar el pescado con una precisión que exige paciencia, energía y un dominio absoluto del gesto.
Homenaje a quienes construyeron la empresa
La celebración del 75 aniversario dedica un espacio especial a los hombres y mujeres que hicieron posible este recorrido. En su mayoría, mujeres sobadoras, auténtico corazón humano de la empresa: trabajadoras de manos firmes, memoria técnica impecable y una fortaleza que sustentó la expansión del sector conservero cántabro durante más de medio siglo.
Para conmemorar esta trayectoria, El Consorcio organiza una exposición en el Centro Cultural Doctor Madrazo, en Santander. La muestra reúne documentos, fotografías, materiales históricos y recuerdos familiares que trazan una mirada íntima al mundo de las conservas, desde las primeras líneas de producción hasta la incorporación de tecnología y nuevos mercados.
Una exposición que recorre la historia conservera de Cantabria
Coincidiendo con este aniversario, Grupo Consorcio inaugura una nueva exposición, un tributo a la industria conservera cántabra y a las personas que la han sostenido durante décadas. La muestra reúne fotografías de la mar y de las gentes de Santoña, documentos históricos, publicidad original y latas antiguas, combinando historia, patrimonio y actualidad en un formato abierto a la ciudadanía. Ha sido promovida por la compañía con la colaboración de los Ayuntamientos de Santander y Santoña.
La exposición, comisariada por el arquitecto Javier Sazatornil y el historiador Rómulo Martí, articula su relato a través de varios bloques temáticos:
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Santoña, cuna del sector conservero: de enclave militar a puerto pesquero fundamental para el desarrollo de la industria.
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La pesca y sus especies: evolución de técnicas tradicionales y modernas, con protagonismo del bocarte, el bonito del norte y el atún.
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Los conserveros italianos: llegada de los salatori y su influencia en la consolidación de Santoña como capital conservera del norte de España.
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Fundación de Consorcio: el impulso de Giacomo Croce en un contexto de reconstrucción económica.
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Mujer y tradición: homenaje a las sobadoras, guardianas del arte del fileteado de anchoa.
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Expansión y diversificación: crecimiento de la empresa y apertura a nuevos mercados internacionales.
Una exposición con alma cántabra que traspasa fronteras
Tras su paso por Santander, la muestra viajará a Santoña en 2026, donde adquirirá un significado aún más profundo al exhibirse en la cuna histórica de la conservera. Además, en 2025 está previsto su traslado a Milán, coincidiendo con la nueva sede inaugurada allí en 2024. La relación con Italia, origen del fundador Giacomo Croce y principal destino exportador de la empresa, confiere a este traslado un valor simbólico especial.
75 años después, un oficio que no se extingue
En un mundo industrializado en el que la mecanización avanza, El Consorcio reivindica el valor del oficio manual y la memoria de quienes han sostenido este sector durante generaciones. La exposición, junto con el resto de iniciativas conmemorativas, celebra no solo un aniversario, sino una forma de entender la gastronomía y el trabajo: cada lomo de anchoa preparado a mano es una pieza de historia viva.
