Visitas a bodegas, recorridos por viñedos y catas con productos locales acercan la diversidad del vino cántabro a quienes quieren conocerlo desde el lugar donde se elabora.
Antes de llegar a la mesa, un vino pasa por un paisaje y por las decisiones de quien lo elabora. Acercarse a ese origen es el hilo conductor de la iniciativa que promueve Cantabria Brinda, que reúne visitas y degustaciones para conocer las bodegas de la región. Una invitación a recorrer Cantabria con la curiosidad puesta en sus viñedos, sus vinos y las personas que trabajan detrás de cada etiqueta.
El interés gastronómico está en relacionar lo que se prueba con lo que sucede en el campo y en la bodega. Las variedades cultivadas, las condiciones del entorno y las formas de elaborar encuentran una explicación junto a la copa. En Bahía de Santander, en Castanedo, esa conversación permite conocer el sistema de elaboración por gravedad; en Sel D’Aiz, en Castillo Pedroso, sus propietarios acompañan el paseo entre las viñas y explican cómo influyen el clima y la altitud en su trabajo.
Cuando la visita continúa en la mesa
Algunas experiencias prolongan la cata con una aproximación a la cocina de la zona. En Bodegas Miradorio, en Ruiloba, conocer la finca de Herbazoso y probar sus vinos puede ser el comienzo de una estancia que incorpora gastronomía y alojamiento. Anchoas, quesos, cocido montañés y quesada forman parte del menú que permite completar la jornada y poner sus elaboraciones en relación con la cocina cántabra.
Ese vínculo con los alimentos del entorno también aparece en Camesía, en Valderredible, donde los viñedos y el centro de enoturismo se conectan con el patrimonio del valle y con degustaciones que incluyen quesos de la comarca. En Hortanza, en Guriezo, la posibilidad de alojarse en la finca añade otra forma de acercarse a la bodega, con tiempo para pasear entre las viñas y degustar productos de la zona.
Distintas maneras de conocer el viñedo
La diversidad también se aprecia en las elaboraciones que pueden probarse en un mismo lugar. Viña Carmina, en Vargas, muestra su viñedo familiar de albariño, godello y treixadura antes de pasar a una cata que incorpora vinos, vermuts y orujos. El trabajo manual y la pequeña escala del proyecto forman parte de lo que se explica al visitante.
Las variedades y el entorno vuelven a encontrarse en Pago Casa del Blanco, en Nates, Voto, donde los blancos de albariño y godello se conocen junto al viñedo, con vistas sobre las rías de Rada y Treto. En Casona Micaela, en el Valle de Villaverde, la cata se acompaña de un pequeño ágape y puede completarse con un paseo por la finca, siempre que la meteorología y el estado de las viñas lo permitan.
Liébana, entre vinos y destilados
En Liébana, el acercamiento al vino se entrelaza con la tradición del orujo. Picos de Cabariezo explica los procesos de vinificación y destilación, incluido el papel de la alquitara de cobre, antes de ofrecer una degustación de vinos y licores con productos locales. Bodega y destilería permiten conocer así dos formas de aprovechar la uva dentro de un mismo proyecto.
A esa oferta se suman Cayo, Orulisa y Sierra del Oso, con actividades que abarcan los viñedos, las catas con acompañamiento gastronómico y la elaboración de aguardientes. El vino comparte aquí protagonismo con unos oficios ligados a la cultura y a la mesa lebaniegas.
El catálogo de Cantabria Brinda se extiende también a otras bebidas de la región. Las cervezas de Dougall’s, Rocker Beer y Redneck Brewery, la sidra de Somarroza, los destilados de Siderit o las elaboraciones de La Flor de Limón, en Novales, amplían las posibilidades de acercarse a sus productores y conocer otras facetas de la gastronomía cántabra.
Las actividades pueden consultarse en el portal de experiencias de Cantabria Brinda, donde cada ficha recoge las características de la propuesta y la información necesa
