Mientras buena parte de la restauración busca diferenciarse a través de conceptos cada vez más definidos, Melly continúa defendiendo en Somo otro camino: el de la casa de comidas donde el mercado, la temporada y el recetario popular siguen decidiendo qué llega cada día a la mesa.

La actualidad gastronómica no siempre pasa por una apertura, un cambio de carta o una nueva tendencia. También puede encontrarse en aquellos restaurantes capaces de mantener vigente una manera de cocinar que parecía destinada a perder terreno. Melly, en Somo, pertenece a ese grupo.

La última visita vuelve a poner el foco precisamente en uno de los elementos que mejor explica su personalidad: el menú del día. No entendido como una alternativa menor frente a la carta, sino como una parte fundamental de la propuesta y como una fotografía bastante precisa de la cocina que desarrolla la casa.

interior restaurante Melly Somo
bodega restaurante Melly Somo

Un menú que explica una cocina

El menú servido resulta significativo por su amplitud. Nueve primeros y otros tantos segundos, además de pan, vino, agua y postre, componen su propuesta.

Pero lo interesante no está solamente en el número de posibilidades. La propia enumeración permite entender qué tipo de restaurante es Melly.

Entre los primeros convivían la marmita de bonito, el cocido montañés, la sopa de pescado y marisco, el pudín de cabracho, los mejillones en salsa, la ensaladilla rusa, el salmorejo, la ensalada Melly —mixta— o unos espaguetis a la boloñesa. En los segundos aparecían los ojitos fritos —gallos—, las albóndigas, el escalope, los huevos fritos con patatas, las manos de cerdo en salsa de callos, los bocartes al ajillo, las sardinas fritas, la raya al ajillo o el secreto de cerdo con salsa de queso picón.

No existe aquí la necesidad de construir el menú alrededor de un único discurso. Mar, cuchara, cocina doméstica y recetas profundamente populares conviven con naturalidad.

De la bahía al interior de Cantabria

Esa amplitud permite además recorrer dos territorios gastronómicos que en Melly nunca han estado demasiado separados.

La marmita de bonito, elegida en esta visita, representa la cocina marinera y de cuchara en una época del año en la que el bonito seguía marcando la cocina estacional de Cantabria. Patata, pescado y fondo componen uno de esos guisos en los que el resultado depende mucho menos de la complejidad que del punto de cada elemento y de la calidad del caldo que los reúne.

A su lado aparecen pescados como los gallos, las sardinas, los bocartes o la raya. Pero basta avanzar unas líneas por el mismo menú para encontrarse con el cocido montañés, las manos de cerdo, el queso picón o unas sencillas albóndigas.

Costa e interior terminan compartiendo mesa sin necesidad de establecer fronteras.

Es una convivencia que forma parte de la propia cocina cotidiana de Cantabria: el pescado que entra por la costa, los guisos de cuchara, las carnes y los productos vinculados al territorio ganadero aparecen dentro de un mismo repertorio sin necesidad de forzar conexiones.

Marmita de bonito Melly Somo
Albóndigas Melly Somo
Escalope Melly Somo
Queso fresco con membrillo Melly Somo

Escalope y albóndigas, sin necesidad de reinterpretación

También se probaron en esta ocasión el escalope y las albóndigas, dos platos que pertenecen a esa cocina que no necesita presentación.

Son elaboraciones conocidas y aparentemente sencillas, en las que el oficio se mide precisamente en la ejecución. Un escalope bien resuelto o unas albóndigas acompañadas por una salsa trabajada no necesitan transformarse para justificar su presencia en un restaurante.

Es una idea que enlaza directamente con la «baja cocina» que Juan Antonio Díaz Angulo lleva años defendiendo: conocimiento y oficio aplicados a platos comprensibles, donde la técnica permanece detrás del resultado en lugar de imponerse sobre él.

Juan Antonio dirige Melly y marca la personalidad gastronómica del proyecto, mientras su hermana Lola mantiene en sala esa cercanía inseparable de la casa. Una forma de recibir que no responde tanto a un protocolo como a la naturalidad de los restaurantes donde la hospitalidad forma parte del propio carácter del establecimiento.

El postre también mira hacia la memoria

La misma lógica continúa cuando llega el momento dulce.

La tarta de limón, la tarta de la abuela y el queso fresco con membrillo prolongan una propuesta en la que tampoco existe necesidad de buscar construcciones complejas.

Especialmente el último vuelve a situar la mesa en un terreno doméstico. Queso y membrillo forman parte de esa memoria gastronómica que durante generaciones resolvió el final de muchas comidas con pocos elementos y sin más pretensión que la del propio producto.

Tarta de limón Melly Somo
Tarta de la abuela Melly Somo

La actualidad de permanecer

Las sucesivas visitas permiten detenerse en otra cuestión: la regularidad de un modelo que continúa funcionando sin necesidad de alterar sus fundamentos.

No se trata de convertir la tradición en un argumento nostálgico ni de enfrentarla a otras formas de entender la restauración. Simplemente de constatar que sigue existiendo espacio para establecimientos donde comer depende todavía de cuestiones bastante elementales: qué producto hay, qué guiso corresponde preparar y qué platos tiene sentido servir ese día.

Melly encuentra buena parte de su vigencia precisamente en no perseguir la novedad. En Somo continúa defendiendo una casa de comidas donde el menú puede reunir en una misma jornada marmita, bocartes, cocido montañés, albóndigas, escalope o queso con membrillo.

Una cocina cotidiana, ligada al mercado y al territorio, que sigue teniendo mucho que contar en la restauración cántabra.

FECHA VISITA: 13.09.2026

🗺️ Peñas Blancas, 7 – Bajo
39140 Somo. Ribamontán al Mar, Cantabria
☎️ 942 51 06 41
📸 @restaurante_melly

MELLY

Somo. Ribamontán al Mar, Cantabria