Bodegas, tabernas, brasas y casas de comidas dibujan una ruta por los establecimientos del grupo, con propuestas que conectan la vida urbana de Santander con la costa y el paisaje rural de Ribamontán al Mar.
La historia de Grupo Riojano, encabezado por Carlos Crespo, está ligada a la nueva etapa que Bodega del Riojano inició en 2008. Desde aquella casa de la calle Río de la Pila, el proyecto ha ido extendiéndose por Santander y hacia Somo y Suesa, reuniendo establecimientos con distintas trayectorias y formas de entender la cocina.
Recorrerlos permite pasar de los guisos y el recetario tradicional a las carnes a la brasa, del tapeo a los arroces junto al mar y de los bocadillos de playa a una mesa en el entorno rural. Cada casa tiene un perfil que conviene conocer, tanto por lo que ofrece su cocina como por el lugar que ocupa en la vida gastronómica de su entorno.
Bodega del Riojano: cocina y memoria en Río de la Pila
Fundada en 1940, Bodega del Riojano conserva uno de los comedores más reconocibles de Santander. Las tapas de las cubas pintadas que componen su Museo Redondo forman parte de la identidad de una casa donde el arte acompaña a la mesa.
Su cocina enlaza la tradición cántabra y la riojana a través de guisos, productos de mercado y recetas que mantienen su arraigo en la bodega. El pisto con papada ibérica y huevo frito o el bacalao laminado con salsa de tomate permiten situar una propuesta en la que las elaboraciones de siempre siguen teniendo un papel protagonista.
Vermutería Solórzano: el aperitivo en Peña Herbosa
En Peña Herbosa, Solórzano reúne dos elementos muy vinculados al aperitivo santanderino: una barra con historia y una carta de pequeños bocados y raciones. La selección de vermuts es uno de sus rasgos distintivos y acompaña preparaciones como rabas, gildas, huevos rellenos y patatas bravas.
La propuesta permite componer el aperitivo a través de varios platos y prolongarlo alrededor de la mesa. Su ubicación, en una de las zonas de mayor actividad hostelera de la ciudad, refuerza ese carácter de lugar de encuentro.
Kandela: los distintos cortes de la brasa
En la calle Bonifaz, Kandela organiza su cocina alrededor de la parrilla. La carta permite recorrer cortes como la picaña, la entraña, la presa ibérica o el chuletón, con diferentes piezas y maduraciones que definen su perfil de asador.
El pescado también encuentra espacio en esta cocina, con elaboraciones de temporada como el bonito a la brasa con piparras asadas. La relación entre el producto y el fuego da continuidad a una propuesta que amplía el recorrido más allá de los grandes cortes de vacuno.
Cortés: entre la barra y el restaurante
Cortés reúne barra, comedor y terraza en una propuesta que enlaza el aperitivo con las comidas y el ambiente de la tarde. Su carta combina raciones y platos para compartir, de manera que permite tanto un picoteo breve como una comida más completa.
Ese funcionamiento entre el bar y el restaurante define su lugar dentro del grupo. La cocina convive con una actividad social que se prolonga a lo largo de la jornada, en un establecimiento de ubicación céntrica cuya oferta se adapta a distintas maneras de sentarse a la mesa.
Las Hijas de Florencio: una nueva etapa para la taberna
En el Paseo de Pereda, Las Hijas de Florencio mantiene su vinculación con el tapeo y la vida de barra. Su incorporación al grupo abre una nueva etapa para un local reconocible por su estética de taberna y su terraza junto a uno de los paseos más transitados de Santander.
Ibéricos, flautines y raciones articulan una oferta centrada en bocados sencillos. La propuesta conserva así el carácter de una casa a la que acercarse para el aperitivo o para compartir algo de comer durante un recorrido por la ciudad.
Café Centro Botín: gastronomía vinculada al arte
El Café Centro Botín ocupa el espacio gastronómico del centro de arte, con vistas a los Jardines de Pereda y a la bahía. Su oferta abarca desayunos, pinchos, comidas y meriendas, con tostadas, repostería y tortilla junto a ensaladas y platos de cuchara.
La relación con el edificio va más allá de la ubicación. El café participa también en experiencias que conectan las exposiciones con la cocina, mediante visitas y menús inspirados en las obras. Esa conexión cultural le da un perfil particular dentro del grupo y permite incorporar la gastronomía a la visita al centro.
Balneario de la Magdalena: arroces junto a la bahía
La playa de La Magdalena es parte inseparable del carácter del Balneario de La Magdalena. Su posición frente a la bahía y la terraza acompañan una cocina de orientación clásica, en la que destacan los arroces y los pescados.
La carta mantiene una relación con el producto del Cantábrico y con el entorno marítimo de Santander. Una propuesta donde el paisaje acompaña a la mesa y contribuye a definir la experiencia de la casa.
La Carnaza: la hamburguesa como especialidad
La Carnaza lleva la oferta del grupo al terreno de las hamburguesas, con una identidad visual y musical ligada al rock y al grafiti. La selección de carne, el pan y las salsas construyen una propuesta centrada en este formato.
Su estética y su especialización le dan un perfil propio dentro del conjunto, dirigido a una comida informal en la que la hamburguesa concentra el protagonismo.
Bar Pepe: el bocadillo y las raciones de Somo
En Somo, Bar Pepe acompaña el ritmo de una localidad de costa con desayunos, tortillas, bocadillos y raciones. La cercanía de la playa y la terraza forman parte de una casa que mantiene el carácter popular de su oferta.
El pepito de Pepe, con ternera, queso, cebolla caramelizada y panceta adobada, es una de sus preparaciones más reconocibles. A su alrededor aparecen rabas, croquetas, ensaladilla y patatas bravas: un repertorio que permite pasar del aperitivo a una comida después de la playa, con el bocadillo como una de sus señas de identidad.
Pan de Cuco: la cocina de Álex Ortiz en Suesa
En Suesa, Pan de Cuco expresa la mirada de Álex Ortiz sobre el producto y el recetario de Cantabria. El cocinero, que anteriormente estuvo al frente de la cocina de Bodega del Riojano, desarrolla aquí una propuesta vinculada al entorno y a su propia trayectoria.
El pollo picasuelos, las anchoas o las ostras con ponzu muestran la convivencia entre los sabores locales y otros acompañamientos. Los guisos y el pescado completan una cocina que encuentra en el paisaje rural de Suesa un marco acorde con su relación con el territorio.
Primera Vaca: huerta, horno de leña y brasas
También en Suesa, Primera Vaca ocupa el antiguo espacio de La Magnolia. Su cocina se apoya en el producto cercano, la huerta y el fuego, con el horno de leña y las brasas como herramientas centrales.
Las pizzas conviven con otros platos para compartir en una propuesta que busca una relación directa con lo que se cultiva y se cría alrededor. El establecimiento incorpora así otro registro al recorrido por Ribamontán al Mar, con una carta que une las elaboraciones al fuego y el carácter informal de la mesa.
La Terraza del Gran Casino Sardinero: una propuesta de temporada
El recorrido se completa con La Terraza del Gran Casino Sardinero, que el grupo presenta como un espacio de temporada estival. Situada en el edificio histórico del casino, cuenta con vistas hacia la playa y los Jardines de Piquío.
Su oferta reúne comidas, cenas y coctelería, vinculando la actividad gastronómica con las tardes y noches de verano en El Sardinero.
De la bodega urbana a la casa de comidas en Suesa, el conjunto refleja distintas formas de vivir la gastronomía en Santander y su entorno. La historia de algunos locales, la especialización de sus cocinas y la relación con cada emplazamiento dan sentido a un recorrido que atraviesa barrios, playas y pueblos, con una mesa diferente en cada parada.
