La gastronomía como herramienta para interpretar el patrimonio vuelve este verano con una experiencia inmersiva que toma como referencia la alimentación de las comunidades que habitaron el entorno de Altamira durante el Magdaleniense.
La gastronomía puede ser también una forma de contar la historia de un territorio. Esa es la premisa sobre la que Nueva Santuca recupera este verano su Menú Degustación Inmersivo, una propuesta inspirada en la alimentación de las comunidades que habitaron el entorno de Altamira hace aproximadamente entre 17.000 y 14.000 años, invitando a recorrer la Prehistoria a través del producto, el paisaje y una interpretación contemporánea de la cocina paleolítica.
Lejos de plantear una recreación literal —algo imposible desde el punto de vista histórico—, la experiencia toma como referencia los conocimientos arqueológicos sobre la alimentación de las comunidades del Magdaleniense para construir un relato gastronómico donde cada pase representa una forma de relacionarse con el entorno.
Un recorrido por los recursos del territorio
El menú se desarrolla en seis capítulos que siguen un hilo narrativo basado en los principales recursos naturales de los que dependían las comunidades cazadoras-recolectoras que habitaron la cornisa cantábrica durante el Paleolítico Superior.
El primer pase, «Recolección en Costa Quebrada», pone el foco en el aprovechamiento del litoral y de los recursos marinos, recordando la estrecha relación que aquellos grupos mantenían con la costa.
A continuación, «Aprovechamiento de la caza y la pesca» explora el papel de los grandes animales y de los recursos fluviales, utilizando como inspiración especies presentes en el territorio y técnicas ancestrales vinculadas al uso del fuego.
La tercera propuesta, «El río y las aves, fuente de alimento y útiles», dirige la mirada hacia los ecosistemas de agua dulce, esenciales para el abastecimiento de recursos vegetales y animales y para la vida cotidiana de aquellas comunidades.
El cuarto pase está dedicado a la caza de cérvidos, animales que ocuparon un lugar destacado tanto en la alimentación como en el imaginario del Paleolítico, tal y como reflejan numerosas representaciones del arte rupestre cantábrico.
El recorrido continúa con el uro (Bos primigenius), el gran bóvido salvaje considerado antepasado del ganado vacuno actual y una de las especies más características de la fauna europea de aquella época.
La experiencia concluye con «La importancia de los frutos secos y bayas», una propuesta que pone en valor el papel de los recursos vegetales silvestres como complemento esencial de una alimentación mucho más diversa de lo que tradicionalmente se ha imaginado.
Altamira como inspiración
Datadas en el Magdaleniense, hace aproximadamente entre 17.000 y 14.000 años, las pinturas de la Cueva de Altamira constituyen una de las manifestaciones más relevantes del arte rupestre europeo y un referente para comprender la vida de las comunidades cazadoras-recolectoras del Paleolítico Superior.
Las investigaciones arqueológicas realizadas en la cornisa cantábrica apuntan a una alimentación diversa basada en el aprovechamiento estacional de los recursos disponibles, combinando grandes herbívoros, pesca, marisqueo, frutos silvestres y vegetales. Precisamente esa relación con el territorio es la que sirve de punto de partida para esta propuesta gastronómica.
Cocina, cultura y territorio
Más que recrear un recetario imposible de documentar, Nueva Santuca propone una lectura gastronómica del paisaje y de la historia de Cantabria. Cada pase se convierte en una interpretación culinaria que toma como inspiración el conocimiento arqueológico para construir una experiencia donde el producto adquiere una dimensión cultural.
Una propuesta que convierte el patrimonio en experiencia gastronómica y demuestra que la cocina también puede ser una forma de interpretar y contar el territorio a través del sabor.
🗺️ Barrio Arroyo, 7
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